lunes, 23 de junio de 2014

Capítulo 8

Mark

No podía seguir viendo esa escena, me mataba de alguna manera verlos bailando tranquilamente, estaba dispuesto a dejarlos en paz hasta que vi la cara de desagrado de Lexie; disimuladamente me acerqué a ellos y traté de escuchar lo que hablaban. Ella no quería bailar, quería ir a la barra y el maldito no la dejaba. Finalmente, no aguanté más y me coloqué detrás de ellos para interrumpirlos.
-Ha dicho que no.-Dije en un tono de voz fuerte y claro.
-Vaya, vaya Mark Turner.- Dijo Frank.
-No quiero problemas Cooper.
-Yo tampoco, estoy bailando con mi amiga, tengo derecho a privacidad.
-Pues ella ya ha dejado claro que no quiere bailar.
-Ese es nuestro problema, no suyo.- Quería matarlo allí mismo pero me comportaría por ella.
-Ya basta.- Dijo Lexie.- Me iré a la barra y ustedes dos pueden dejar de pelear.
Se marchó hecha una furia y yo me quedé allí con él.
-Tenía que llegar a arruinarlo todo, maldita sea.- Dijo Frank.
-No he arruinado nada, intervine porque ella no estaba a gusto.
-¡Y que sabe usted de ella!¡Demonios! La ha vuelto loca toda la semana podría dejarla en paz al menos un día.
-Creo que está muy equivocado y si yo fuera usted moderaría la manera de dirigirse a mí.
-Y si yo fuera usted no me metería donde no me llaman.- Dijo acercándose cada vez más a mí, podía sentir el desagradable olor a alcohol que desprendía.
-Cuidado Cooper, lo lamentará después.
-¡O sino que!- Gruñó.
-No necesita de amenazas, usted ya lo sabe.
-Hable claro, no sea tímido.- Sabía que terminaría mal y no estaba de ánimos para una pelea.
-No voy a rebajarme más, disfrute lo que le queda de la noche.
Sin esperar respuesta fui en busca de Lexie, lo que era una salida para distraerme del desastre que tengo por vida terminó en un completo fracaso. Para cuando la encontré, estaba sentada en la barra y cuatro vasos se encontraban vacíos junto a ella, no me sorprendería si en estos momentos no logra terminar una frase.
-Lexie...no deberías seguir tomando.- Dije detrás de ella.
-Creo que he dejado claro que yo hago lo quiero.
-Eso lo sé de sobra, solo te estoy advirtiendo.
-Ya cállate.
-Como digas.- Esta mujer me frustra a niveles inimaginables.
Se acercó hasta mí y apuntándome con el dedo índice en mi pecho me dijo:
-Sabes cual es tu maldito problema, que no puedes dejar de manejar la vida de otros, quieres que todo se haga como tu dices. Y te pone como un demonio que no te hagan caso. Yo soy como soy, si te gusta bien y si no también.
-Lexie no digas nada de lo que te arrepientas.- Sabía que era la verdad de lo que pensaba solo que se animaba a decirlo bajo los efectos del alcohol.
-No me arrepen....- No logró terminar la frase porque comenzó a vomitar sobre mis zapatos, fantástico, justo lo que necesitaba.
-Oh genial, ¿era necesario? Andando te llevaré a tu casa.
-No.
-Claro que sí, mira tu estado. Nos iremos, y por una maldita vez harás lo que te digo.- No habló durante todo el camino, cuando llegamos a su casa la ayudé a desvestirse; sería un hipócrita si dijera que no me tentó verla solo con su ropa interior, soy un hombre, pero las circunstancias no eran las mejores, la ayudé a lavarse la cara y la acosté.
-Me quedaré hasta que te duermas.- Le dije.
Me acomodé en un sillón de su habitación usando como abrigo mi chaqueta, estaba tan cansado que me dormí rápidamente. Me desperté con los rayos del sol que se asomaban por la ventana, levantarse con esta vista era realmente agradable.
Decidí dejarla descansar, se la veía tan tranquila durmiendo que no quise molestarla. Debo decir que dormida es como mejor le sienta, tranquila y calma transmite paz, despierta es otra cosa. Me dirigí a la cocina, y le preparé un desayuno, un buen jugo de naranja junto a un té caliente y tostadas, la animarían. No pude evitar la tentación de recorrer el lugar, estaba bien decorado pero me sorprendió no encontrar ni una sola foto. Me sentía un intruso por revisar sus cosas pero esta mujer es tan misteriosa que me resulta imposible resistirme ante la posibilidad de conocer aunque sea un poco más de ella. 
Eran las nueve de la mañana cuando recordé que debía pasar por mi hija, hoy es su acto escolar y debo prepararla, cuanto antes la tuviera en mis brazos mejor, siempre es una lucha tener que separarme de ellas y no haberla visto por un día me está matando.
Marqué el número de mi padre y me respondió en seguida:
-Hola Mark.
-Hola papá, ¿cómo va todo?
-Bien, ¿qué tal la noche?
-No fue la mejor de todas, ¿qué tal Bel?¿se ha portado bien?
-Oh, sobre eso...
-¿Que ocurre?
-Mira tuve un compromiso laboral que cumplir y tu madre tuvo que acompañarme.
-Ya veo...¿llevaron a Bel?
-¿Bromeas?¿Cómo podría llevar a la niña?
-¿¡Entonces que demonios hiciste con ella!?
-Cálmate, la dejé con Lexie.
-¿¡Qué hiciste qué!?
-Ya sé que no le gustan los niños, pero no es un monstruo. En unos minutos voy a buscarla.
-¡No puedo creerlo!¡Una maldita cosa que te pido y no puedes hacerlo! Déjame decirte que estoy en su casa y mi hija no está aquí.¡Entonces donde rayos está!
-Cálmate. Espera...¿qué haces en su casa?
-¿Qué me calme?¿Cómo puedes pedirme que me calme?
No aguanté más y arrojé mi celular contra la pared, al voltearme la encontré a ella parada en el umbral de la puerta desconcertada.
-¡Tú!- Grité dirigiéndome hasta donde se encontraba.
-¿Qué haces aquí?
-¿Qué hago aquí? Cuidarte, te cuidé toda la maldita noche de que tu amiguito no se propasara contigo y tú lo que haces es perder a mi hija para salir a divertirte.
-¿De qué estás hablando?
-¿Vas a decirme que mi padre no te pidió que cuidaras de mi hija?
-Sí...pero la he cuidado.
-¡Oh, ya veo!¡Y si la has cuidado donde está!¡Excelente trabajo!
-Baja un poco el tono, a mi no me gritas.Vino su tía a buscarla. La mujer dijo que era su tía...
-¿Qué tía?
-Una tal Amy.
-¡Esto debe ser broma!
-No estoy entendiendo nada, ¿qué tiene de malo que tu hermana la venga a buscar?
-Que es una enferma mental, se habrá escapado del psiquiátrico.
-Y yo como iba a saberlo.
-Me deberías haber llamado a mi, a mi padre, a quien sea ¡Maldita sea! No puedes entregársela a cualquier extraño como un paquete.
-No lo sabía, parecía sana, habló muy tranquila y normal ¡Jamás se la daría si lo hubiera sabido!
-No hay excusa. ¡Eres una irresponsable, menos mal que no tienes hijos porque serías incapaz de cuidar de uno!
Su cara se volvió blanca y vi en sus ojos el dolor, el odio y rechazo que transmitían, tal vez fui duro con ella pero el enojo que tengo es demasiado en estos momentos como para pedir perdón. Lo hecho está hecho y no hay vuelta atrás.
Permaneció callada por unos segundos, lo que para mí fueron horas.
Apuntándome con  el dedo comenzó a gritarme.



-¡Fuera de aquí ahora mismo maldito desgraciado! Solo nos dirigiremos la palabra en el trabajo. No quiero saber nada de ti. ¡Márchate en este maldito instante!
No dije nada más, tomé mi chaqueta y me fui, nunca la había visto así. No pensé que lo que le había dicho podría afectarla tanto. Conduje en círculos pensando en que lugar podría estar mi hermana, opté por ir primero a su casa. 
Cuando llegué, toqué timbre, nadie contestó pero no me di por vencido y continué tocando la puerta, al cabo de unos minutos, ella finalmente salió.
-¡Mark!¡Hermanito!¡Qué sorpresa tenerte acá!
-Hola Amy ¿puedo pasar?
-Claro, le estaba dando de comer a Christine.- Con eso me di cuenta que mi hermana estaba pérdida nuevamente, confundiendo a mi hija con la suya.
No dije nada y entré, cuando mi hija me vio corrió a mis brazos.
-¡Papi!¡No me dejes nunca! La tía Amy dice que soy la prima Christine, y me trata como a una bebé.
La abracé con todas mi fuerzas.
-Lo sé princesa, lo siento, no te volveré a dejar. La tía no está bien, ve a buscar tus cosas para que pueda hablar con ella.
-Está bien papi.
Fui a buscar a Amy a la cocina.
-¿Y Christine? Esa niña me está volviendo loca.
-Amy, esa niña no es Christine.
-Por supuesto que sí, que cosas dices.
-No Amy, esa niña es mi hija Isabel.
-¿De qué hablas? Tú ni siquiera tienes una novia.
-Amy, ¿en qué año estamos?
-Ya basta Mark, pareces loco. Llama a mi niña para que termine lo que le cociné.
-Necesito que me acompañes a un lugar.
-Ahora no puedo.
-Amy, no te lo estoy pidiendo.
-¡Basta!¡Basta!¡Ya cállate!
Ella rompió en llantos y no supe que hacer, solo se me ocurrió abrazarla, la llevé hasta el sillón y la acomodé en mi pecho hasta que se durmió. Mientras esperaba a que despertara mi padre se llevo a Isabel a mi casa , luego tendría una dura charla con él, luego llamé al psiquiátrico, deberían mejorar la seguridad para algo se les paga.
La desperté antes de que ellos llegaran y cuando abrió sus ojos pude ver que estaba devuelta.
-¿Mark?¿Qué hago aquí?
-Hola Amy. Tuviste una recaída.
-Demonios.
-Tranquila, Ya pasó.
-¿Te traigo algo?
-Vodka.


-Amy...sabes que no haría eso.¿Cómo te sientes?
-Hecha un desastre.
-Tranquila, no me separaré de tu lado. Vas a mejorar.
-Gracias por no abandonarme.
-Jamás lo haría.
-Todos se van de mi lado Mark.
-Eso no es cierto, tienes una hija maravillosa que continuamente te visita.
-No la merezco, debe avergonzarse de mí. Que clase de madre soy.
-No digas esas cosas, ella te ama tal y como eres.
-Si lo dices para que me sienta mejor no es necesario.
-Lo digo porque es la verdad Amy.
Solo suspiró y volvió a recostarse en el sillón.
Sus enfermeros llegaron al cabo de unos minutos, los acompañé y esperé a que Amy se acomodora en su habitación me quedé un rato con ella hasta que se hizo la hora de volver a casa, debía olvidar el mal momento que tuve que pasar y ayudar a mi hija a prepararse para su acto.
Cuando llegué Bel ya me estaba esperando en la entrada.
-Papi, papi, tardaste muuuuucho. Vamos, vamos, andando no voy a llegar y soy la estrella.
-Por supuesto que lo eres princesa, andando.
La vestí con un elegante vestidito estampado que Sara y yo habíamos comprado hace tiempo cuando se preocupaba al menos por lo que su hija debería vestir.
Una vez listos nos dirigimos hasta la escuela mientras Isabel, que estaba muy nerviosa, memorizaba lo que debía decir una y otra vez.
-Tranquila angelito, todo saldrá genial.
-¿De verdad papi?
-Te lo aseguro.
Me encanta verla sonreír por cosas tan pequeñas.


Solo me gustaría que su madre pudiera compartir conmigo su felicidad o encontrar a la mujer indicada que se emocione tanto como yo por ver a mi hija actuar.
Saludé a su maestra, y la acompañé a acomodarse detrás del escenario. Tomé asiento,obviamente, en la primera fila para poder fotografiarla sin ningún problema.
Las luces del fondo del salón se apagaron y la directora dio comienzo al acto. Antes de que los niños aparecieran en escena la maestra Mel dirigió unas palabras.
-Buenas tardes, familiares y alumnos, es un placer tenerlos acá. Es la primera vez que organizo un acto con este maravilloso grupo de niños. Al principio fue una simple idea a futuro, luego al acercarse la fecha del día del padre tomé conciencia que sería bueno que los chicos se dieran cuenta de lo importante que son nuestros padres, tanto si están presentes como si no lo están. El valor de poner a la familia primero ante todo. Recientemente, mi mejor amiga y hermana, tuvo una gran pérdida que me hizo replantearme la importancia que le doy a mi familia. Esta obra está dedicada a ti amiga. Muchas gracias a todos, que lo disfruten.
El discurso de la maestra fue emocionante, coincidí plenamente en cada una de sus palabras, logró tocarme directo en el corazón.
El escenario se iluminó y los niños aparecieron en escena. Mi hija hizo su papel estupendamente, interpretando a una madre cuya hija se llamaba Charlotte, ella se perdía en el bosque y junto con la ayuda del resto de los niños al final de la obra lograba encontrarla. 
Al terminar el espectáculo, abracé muy fuerte a mi hija y le entregué un ramo de flores.
-Aquí está mi actriz favorita, lo hiciste estupendo mi cielo.
-Gracias papi, fue divertido.
-Me alegro de que lo hayas pasado bien, ¿qué te parece si vamos a comer para festejar?
-Siii.
Ya estábamos por pasar el gran tumulto de gente de la entrada cuando mi hija vio  a su maestra y corrió hasta ella, el problema era que no estaba sola, estaba consolando a una persona. Era nada más y nada menos que Lexie. Tenía los ojos rojos al parecer por haber llorado, tuve la intención de acercarme pero no estaba listo para hablarle me quedé a un costado y esperé a que mi hija terminara. Desde mi ubicación podía escuchar lo que hablaban.
-Hola señorita Mel.
-Hola, preciosa.¡Felicitaciones! Has hecho un trabajo genial.
-Gracias. Hola Lexie.
-Hola Isabel.
-¿Se conocen?
-Es la hija de mi jefe.
-Con que ella es... ya veo... 
-¿Estás bien Lexie?¿Por qué estás llorando?
-No es nada.
-¿Te gustó como actué?
-Has hecho un buen trabajo.
-Gracias, debo ir con mi papi. Adiós Lexie, adiós señorita Mel.
-Nos vemos, pequeña.- Respondió Melissa.
Cuando mi hija me encontró frunció el cejo a manera de enfado lo que me causaba risa.
-¿Qué haces escondido?
-No estaba escondido.
-Claro...papi...y después dices que no debo mentir.
-Cuidadito jovencita.
-Estaba Lexie.
-Lo sé.
-¿Por qué no la saludaste?
-Porque me enojé con ella.
-¿Por qué?
-No te cuidó.
-Pero si me cuidó papi, ella no estaba bien por tener que cuidarme pero igual lo hizo, preparamos sándwiches y miré una peli. Me quedé dormida y desperté en la casa de la tía Amy.
-No sabía eso pero ya ves despertaste en casa de tu tía Amy cuando deberías haber despertado en casa de Lexie.
-No, debería haber despertado en casa del abuelo que no me cuidó.
-Es todo muy complicado Isabel, dejémoslo ahí. Vayamos a comer.
-Está bien papi.
Quería olvidar todo lo malo del día, el temor que sentí al no saber donde estaba mi hija me había matado literalmente. Fuimos a su restaurante favorito e invitamos a Christine, tuvimos una linda cena familiar.
Al día siguiente, mi cuerpo parecía haber sido molido a golpes pero tenía que reunir todas mis fuerzas para ir a trabajar.
Temía encontrarme con Lexie, no sabía como reaccionaría o de qué modo debía tratarla.
Llevé a Isabel a la escuela y me dirigí a la oficina, afortunadamente cuando llegué Lexie no estaba, evitaría el contacto con ella lo más que pudiera.
El resto de la semana siguió así, ella evitándome y yo evitándola a ella debíamos planear la reunión de personal y todavía no me atrevía a hablarle. Parecíamos dos niños pequeños uno asustado del otro y viceversa. Tuve tiempo para reflexionar mi actitud, me comporté muy duro con ella pero eso es porque no sabe la angustia que se siente al no saber que es lo que ocurre cuando te dicen que tu hija desapareció. 
El viernes había llegado, había sido una jornada agotadora, las cuentas se hacían cada vez más tediosas y complicadas y el clima tenso en la oficina no ayudaba, salía del edificio cuando pude ver en la esquina de la empresa a Lexie forcejando con un hombre. Esto si que no lo permitiría, podría estar enojado con ella o lo que fuera pero no toleraría que le pusieran ni una mano encima.
Bajé del auto y me dirigí hasta ellos.




lunes, 16 de junio de 2014

Capítulo 7

Lexie

Luego de que Mark se marchara y me dejara desconcertada en la puerta de mi casa con su número en la mano me senté en mi sillón preferido a analizar la situación, como tiendo a hacerlo siempre.
Juro que no puedo comprender su cambio repentino, pude darme cuenta que no le soy indiferente, vi su mirada cuando me quité el abrigo . ¡Ja! Lexie 1- Mark 0. Por otro lado, no tolero que me digan lo que debo hacer, si hay algo que aprendí luego de mi separación es que jamás dejaré que otra persona me maneje, me volví una persona completamente independiente y no necesito que esté detrás de mi como una niñera retándome.
Me di un baño caliente, no por lo que dijo Mark sino porque hacía demasiado frío y mi cuerpo ya no lo toleraba. Preparé una pequeña cena rápida y alisté la ropa para el día siguiente.
Cuando desperté, pude ver los rayos del sol asomando por mi ventana, lo cual me puso de buen humor al saber que la lluvia había terminado.
Al haberme levantado temprano, tuve tiempo de ordenar y desayunar tranquilamente, para cuando llegué la recepcionista me avisó que el Sr. Turner y su hijo estaban en una charla privada y no debían ser molestados bajo ninguna circunstancia, en secreto cruzaba los dedos para que la charla no pasara a mayores como la última vez.
Fui hasta mi oficina, ordené el caos del día anterior y mientras revisaba los contratos a tratar con Mark una joven apareció en la oficina.
-Lo siento... me confundí de oficina.- Dijo la chica.
-No hay problema, ¿a quién buscas?
-Buscaba la oficina de mi tío.
-¿Y se puede saber quién es?
-Mark Turner...
-Oh ya veo, eres su sobrina. Ahora está hablando con tu abuelo, pero en cuanto se desocupen puedes ir, es la que está aquí al frente.
-Sí, sabía que iban a hablar. No pensé que iban a tardar tanto, de todos modos no tengo nada para hacer afortunadamente, mi abuelo no me puso ninguna tarea por hacer porque sabe que odio que me estén mandoneando.
-Ya me caes bien...- Dije con una sonrisa.



-Es bueno saberlo.- Dijo riéndose.
-Pasa si quieres mientras esperas.
-De acuerdo, ¿no molesto?
-Claro que no, así que.... ¿eres la hija del hermano de Mark?- La verdad es que no tenía idea de como estaba conformada la familia Turner, ignoraba si tenía un hermano o una hermana.
-Hermana, aunque no vivo con ella.
-¿Padres separados?
-Es una larga historia.
-De acuerdo, no voy a entrometerme. No me gusta que lo hagan conmigo tampoco.-Me dedicó una débil sonrisa a modo de comprensión.
-¿Estás casada?
-Divorciada. ¿Tú que tal con los chicos?
-Ni lo menciones. Algo tengo con un chico de mi escuela, su nombre es August, es perfecto pero a veces siento que sólo me habla cuando se siente necesitado de afecto, no lo sé....es complicado.
-Mmm ya veo así son los hombres....¿tú nombre?
-Christine.
-Así son los hombres Christine.
-¿Tú qué tal con el trabajo?
-Soportando bastante bien a tu tío.
Ella rompió en carcajadas y logró contagiarme a mí.
-Lo sé, a veces es muy mandón y sobreprotector.
-Hablando de Roma...- Mark aparecía por la puerta.
-¿Todo bien por aquí?
-¿Qué tal Mark? Lamento haberme distraído, estaba hablando con tu sobrina.- Le contesté.
-Lo siento tío por haberla interrumpido.
-No hay problema.- Dijo con cara de desconcierto.-¿Te quedarás aquí  Chris?
-Sí, Lexie es muy divertida. Me quedaré un rato y la dejaré libre, lo prometo.
-De acuerdo...Lexie avísame si necesitan algo.
-Por supuesto.
Al cerrar la puerta Christine me preguntó:
-¿Por qué estaba tan extrañado?
-Quizás piense que soy una fría y aburrida administradora.
-Pero no eres ninguna de esas dos cosas.
-Mmm en algunas o muchas ocasiones debo admitir que lo soy.
-Es bueno que no seas así conmigo.
-Una de las pocas afortunadas.
Nos quedamos un rato más hablando de lo que haría cuando terminara la escuela, sus temores en cuanto a si seguir con la empresa o elegir su camino. Christine me sorprendió gratamente, es una joven muy madura para su edad.
Tomaba mis cosas para irme cuando el padre de Mark apareció en mi oficina.
-Srta. Clark, disculpe que la interrumpa.
-Por favor Sr. Turner, no hay problema.¿Qué necesita?
-¿Qué tal la relación con mi hijo?¿La está tratando bien?
-Claro, su hijo se ha comportado muy bien conmigo y estamos trabajando estupendamente bien.
-Me alegra mucho escuchar eso. Tengo que pedirle un favor.
-Por supuesto.
-¿Podría venir mañana solo por un par de horas en la mañana?
-Claro, no tengo ningún problema.
-Maravilloso, no los retendré demasiado tiempo. La necesito aquí temprano.
-Seguro.
-Muy bien, que tenga un buen día.
-Igualmente.
No estaba feliz con la noticia de tener que trabajar un sábado pero sólo serían unas horas y estaría libre.
Al salir agradecí el buen clima, hoy no tendría que llegar empapada a mi casa. Caminé tranquilamente hasta un almacén cerca de mi hogar compré un par de cosas para la cena y luego de cenar muy temprano para mi gusto caí rendida en mi cama, el cansancio me estaba pasando factura.
Con un humor de perros me levanté temprano en la mañana y me dirigí a la empresa, cuanto antes terminara todo mucho mejor.
Mi humor no podía empeorar cuando al llegar a mi planta pude ver nuevamente a la hija de Mark, que la tierra me tragara.
-Srta. Clark, buenos días.- Dijo mi jefe.
-Buenos días Sr.Turner.
-Hoy tengo que cuidar de mi nieta, sólo nos acompañará unos minutos. No la molestará.- Podía ver a la niña mirándome desde la oficina de su abuelo, sus ojos lograban penetrarme completamente.
-No hay problema.
-Estupendo. Comencemos entonces.
La reunión no duró mucho, todos logramos ponernos de acuerdo y logramos llegar al objetivo del Sr. Turner.
Estaba agradecida por poder marcharme e ir a la comodidad de mi hogar para poder salir en la noche cuando mi jefe me detuvo nuevamente.
-Srta. Clark lamento molestarla de nuevo.
-No hay problema.
-Gracias por haberse tomado el tiempo de venir hoy, fue todo un éxito.
-Un gusto poder ayudarle.
-Le debo pedir un enorme favor y este es muy importante




-Usted dirá...
-Necesito que cuide de mi nieta.
-Sr. yo...
-Sé que no le gustan los niños, me di cuenta, pero en verdad ella no trae problemas, es muy independiente. Mi mujer la pasará a buscar muy temprano en la mañana. Me surgió un imprevisto laboral. Sabré recompensarla muy bien.
-Es que...
-Se lo ruego Srta. Clark tengo que tratar un asunto de vital importancia.- Creía que moriría en ese mismo instante, pero no podía negarme. Era mi jefe, el que me hablaba.
-De acuerdo.
-Muchísimas gracias. De verdad no se arrepentirá. Enseguida la traigo.
Conté hasta diez mentalmente antes de que llegara la niña, mi corazón estaba latiendo muy  deprisa por el solo hecho de pensar que estaría en mi casa. Que otro niño estaría conmigo.
-Aquí está.
-Hola Lexie.- Dijo la niña sonriéndome.
-Hola.
-Bueno ya no las entretengo más. Gracias Srta. Clark.- Sin más nos dejó a ambas solas.
-Bueno, iremos a mi casa.
-¿Vives lejos?
-No. Vamos, andando.
Al salir a la calle la niña tiró de mi abrigo.
-Debes darme la mano.
-No es necesario, puedes seguirme.
-Papi dice que siempre debo ir de la mano en la calle.- Aunque su contacto me mataría la niña tenía razón.
-De acuerdo.- Tal como presentía al tocarme sentí todo mi cuerpo arder, un calor me invadió desde la punta de mis pies hasta mi cabeza, estaba haciendo un enorme esfuerzo por contener las lágrimas, hasta que vi algo que me dejó pasmada.


Allí estaba él. James. Con su mujer, perfectos como siempre. Parecían estar de compras, rezaba para que no me viera. Pero todo fue en vano, palideció al verme y su cara era de desconcierto al verme con una niña de la mano. Apuré el paso para no tener que tratar con él, Isabel se dió cuenta que algo ocurría.
-¿Estás bien?
-Sí.
-Tienes las manos muy frías y tu piel está muy blanca.
-Sólo quiero llegar a casa.
La niña sorprendentemente cerró su boca, cuando llegamos cerré la puerta y me desplomé en el suelo apoyando mi espalda contra esta.
-No estás bien.
-Por favor necesito silencio.
-¿No vamos a jugar?
-¡No!
La niña estaba a punto de llorar, me sentía una porquería por hacerla sentir así.
-Lo siento Isabel, estoy muy estresada. ¿Quieres algo de comer?
-De acuerdo.
Preparamos en silencio unos sándwiches y le puse una película para entretenerla. Ya estaba pensando cancelar la salida de la noche con Frank y Jack cuando tocaron el timbre.Abrí la puerta y me encontré con una mujer que debería tener unos 35 años, de cabello y ojos oscuros.
-Hola.Usted debe ser Lexie.
-Hola. Si soy Lexie, y usted es...
-Amy, vine a buscar a Isabel.
-Creía que la vendría a buscar su abuela.
-¡Oh si! Pero ella me pidió que pasara antes.
-¿Segura?
-Por supuesto.
-De acuerdo. Iré por ella.
-Aquí espero.
Entré a buscarla pero ella estaba dormida, me daba lástima despertarla, tomé sus cosas y la llevé en brazos con su tía.
-Se durmió hace poco.
-No hay problema, mejor así. Gracias por haberla cuidado.
-No hay problema.
-Adiós.
Sentí un vacío al ver que la niña ya no estaba, pero estaba acostumbrada a eso, el mismo vacío de siempre. Trate de olvidar todo y buscar algo bueno que ponerme en la noche. Finalmente, opté por un ceñido vestido rojo y dejé mi cabello suelto. A las nueve en punto Frank estaba en mi puerta.
-Wow estás preciosa.
-Lo dices siempre.
-Bueno hoy es el doble.
-Gracias, ¿vamos?
-Vamos.
Llegamos rápido al local, allí ya estaban Jack y Melissa muy pegados lo que me hacía muy feliz. Conversamos los cuatro y pasamos un lindo rato, necesitaba olvidarme de este día tan estresante. Cuando las copas ya estaba haciendo efecto dejé que Frank me llevara a bailar, no tenia conciencia de que estaba tan pegado a mí hasta que sentí su mano en mi vientre.
-Frank, ya es suficiente.
-Relájate preciosa, disfruta.
-Quiero ir a la barra.
-No, bailemos. Necesitas distraerte.
-Ha dicho que no.-Dijo una voz detrás de nosotros.
-Vaya, vaya Mark Turner.- Dijo Frank.
-No quiero problemas Cooper.
-Yo tampoco, estoy bailando con mi amiga, tengo derecho a privacidad.
-Pues ella ya ha dejado claro que no quiere bailar.
-Ese es nuestro problema, no suyo.
-Ya basta.- Intervine.- Me iré a la barra y ustedes dos pueden dejar de pelear.
Hecha una furia me bebí tres shots seguidos de tequila, mi vida iba de mal en peor.
-Lexie...no deberías seguir tomando.- Dijo Mark detrás de mi.
-Creo que he dejado claro que yo hago lo quiero.
-Eso lo sé, te estoy advirtiendo.
-Ya cállate.
-Como digas.
El alcohol circulaba por mi sangre y ya estaba haciendo efecto, me acerqué hasta él y apuntándolo con el dedo índice en su pecho le dije:
-Sabes cual es tu maldito problema, que no puedes dejar de manejar la vida de otros, quieres que todo se haga como tu dices. Y te pone como un demonio que no te hagan caso. Yo soy como soy, si te gusta bien y si no también.
-Lexie no digas nada de lo que te arrepientas.
-No me arrepen....- No pude decir nada más porque comencé a vomitar todo lo que había ingerido en los zapatos de mi jefe.
-Oh genial, ¿era necesario? Andando te llevaré a tu casa.
-No.
-Claro que sí, mira tu estado. Nos iremos, y por una maldita vez harás lo que te digo.- No dije nada más y dejé que me guiara hasta su auto, no dije nada en todo el camino, dormí el tiempo que estuve en el auto.
Para cuando llegamos me ayudó a lavar mi cara, me cambié de ropa en el baño y me acosté en la cama, necesitaba el calor de mis sábanas.
-Me quedaré hasta que te duermas.- Dijo Mark, no lo contradije sólo quería dormir.
A la mañana siguiente me desperté con una resaca tremenda, no sabía que demonios había pasado anoche pero una chaqueta de hombre estaba sobre el sillón de mi habitación, para cuando fui a la cocina Mark estaba allí hecho una furia, no entendía absolutamente nada. Pero cuando se volteo a verme por primera vez le tuve miedo, su mirada me aterraba.
-¡Tú!


lunes, 9 de junio de 2014

Capítulo 6

Mark

Había decidido cambiar mi actitud con Lexie ¿por qué? Fácil, la pelea con mi padre me hizo ver que por su culpa terminaría arruinando todo con cada persona que se me acercara. Fue exactamente lo que pasó, fui una basura con ella, aunque me costará olvidarme de lo que ocurrió con Bel no puedo ser tan injusto. Ya no puedo cargar con tantos problemas, necesito estar aliviado y la solución es hacer borrón y cuenta nueva con ella, poder conocerla, no apresurar las cosas como lo había hecho el primer día, quiero tener una impresión segura de lo que es ella como persona y aunque me lleve tiempo no me importa, es mi misión y voy a lograr desentrañar los secretos de esta mujer que me enloquece en el buen y mal sentido.
Le hablé amablemente, trabajamos en paz, almorzamos juntos y decidí dejarla salir antes, hasta merezco un premio a la paciencia. Luego de dejarla salir me quedé unos diez minutos para poder dejar todo listo para el día siguiente, los viernes suelen ser un caos y no quería retrasos por la mañana.
La tenue lluvia había pasado a ser una fuerte tormenta y agradecí tener un buen auto para protegerme de esta.
No había hecho más de un kilómetro cuando vi a lo lejos a la única mujer en la acera sin paraguas, empapada y corriendo. Supe quien era en un instante. Lexie. Me acerqué con el auto hasta quedar delante de ella y bajé la ventanilla.
-Sube ya mismo al auto.- Dije.
-¿Mark? No pasa nada, iré en taxi.
-Te he dicho que subas.
-Y yo he dicho que tomaré un taxi.- Dijo con el ceño fruncido. Siempre me llevará la contraria es como si no permitiera que yo le ordene lo que debe hacer, la saca de sus casillas y eso me encanta.
-Deja de ser tan terca y sube.
-¿Me dijiste terca?
-¿Vas a subir o no? Te enfermarás y deberás faltar al trabajo, no contamos con reemplazos así que hazme el favor de subir.
De mala manera se subió al auto.
-¡Ah no linda! Si quieres subir a mi auto te quitas esa campera empapada que tienes, se arruinará el cuero.
Poniendo los ojos en blanco se la quitó y maldije por lo bajo solo llevaba una fina remera blanca que por el agua de la lluvia se la había pegado al pecho dejando ver el encaje de su sujetador, ella pareció darse cuenta hacia donde dirigía mi mirada y sonriendo dijo:
-Veo que ya no piensas lo mismo.
-¿Dónde vives?- Dije para desviar el tema.
-A unas quince cuadras de aquí, todo derecho.
Necesitaba dejarla rápido en su casa o no aguantaría más viéndola mojada a mi lado. Aceleré lo más que pude para apresurarme.
-Baja la velocidad, te lo pido por favor.- Dijo poniendo su mano sobre mi brazo. Pude ver en su cara el pánico y me sentí un idiota por ponerla en esta situación.


-Lo siento.- Dije colocando mi mano sobre su pierna descubierta, no sé que es lo que siente o piensa ella pero pude sentir como su piel se erizaba con mi contacto. Ella se removió en el asiento y tomé eso como una señal para quitar la mano. En cinco minutos estuve en su puerta, una acogedora pequeña casa.
-¿Es aquí?
-Sí, gracias por traerme Mark.
-No es nada. Date un baño caliente.
-Ya deja de ordenarme qué hacer.
-Como sea Lexie, te veo mañana.
-Adiós.
Un vacío se instaló en mi pecho cuando se bajó del auto y aún mi cerebro está taladrando para encontrar la razón. Sin saber por qué me bajé del auto y la tomé del brazo antes de que abriera la puerta de su casa.
-Mark...Me asustaste.
-Lo siento, quería darte mi tarjeta con mi número personal por si necesitas algo. No importa la hora.
-De acuerdo, no es necesario...Pero gracias.
Con un delicado beso en su mejilla volví a mi auto, al ritmo en que venía no tardaría en quedar loco.
Me retrasé con Lexie y terminé llegando tarde a casa. Para cuando entré mi hija estaba al pie de las escaleras muy enfadada, aunque su niñera es la que pasa la tarde con ella y nunca está sola se enoja mucho conmigo cuando no llego a la hora que siempre pactamos cada mañana.


-Hola princesa, ¿no le das un abrazo a papá?
-No.- Dijo cruzándose de brazos. Me deshice de mi abrigo y me senté junto a ella.
-¿Estás enojada?
-Sí.
-¿Por qué llegué tarde?
-Pues si, me prometiste que vendrías temprano y cocinaríamos juntos.
-Lo siento pequeña, llovía mucho y tuve que ayudar a Lexie a llegar a su casa.
-¿A Lexie?
-Sí, pequeña.
-Pero dijiste que era mala, no le agrado.
-Cariño, hay gente que no aprecia a los niños aunque ni yo pueda entenderlo no puedo tratarla mal por eso, es una persona y merece respeto.
-¿Qué es respeto?
-Tratar educadamente a una persona por lo que es. 
-Entonces ahora piensas que es buena...
-No sé cómo es Bel, pero no debes preocuparte por eso.
-Me gusta Lexie papi, aunque me haya hecho llorar.
-Eso si es raro Bel, si ni la conoces.
-No sé papi pero lo siento aquí.- Dijo señalando mi corazón.- Cuando la abracé sentí un calor allí.
-Ven aquí angelito.- La abracé por unos largos minutos, aún no entendía si lo que había dicho fue producto de su imaginación o en verdad lo sintió. Ojalá la historia fuera distinta, ojalá ella no hubiera hecho llorar a mi hija, ojalá a ella le gustaran los niños, ojalá tuviera un carácter dulce, ojalá me obedeciera pero esa no era la realidad y no podía hacer nada con ello.
Cociné con mi hija tal como le había prometido, luego jugamos un rato hasta que se durmió profundamente en mis brazos, la llevé hasta su habitación y la acosté. Regresé al living para ordenar todo el desastre que había hecho mi hija pero la tarea se vio interrumpida por unos golpes en la puerta.
-Chris, ¿qué haces aquí?- Sin más se abalanzó sobre mí para abrazarme.-Tranquila, ven pasa. Te vas a congelar aquí afuera.
La llevé hasta un sillón y la acomodé en mi pecho.
-Ahora sí, ¿qué ocurre?
-Lo siento tío, perdón por llegar así.


-No hay nada que perdonar pero me preocupas, ¿qué ocurre?
-No aguantaba más estar sola en casa, sé que tengo todas las comodidades pero entré en crisis y la soledad no estaba de mi parte.
-Sabes que cuentas siempre conmigo. Si quieres puedes quedarte en casa a dormir y mañana vienes conmigo al trabajo así ves a tu abuelo ¿qué te parece?
-De acuerdo, ¿no molesto?
-Claro que no, nunca pienses eso. Puedes dormir con Bel.
-Está bien, no haré ruido.
-Más te vale o la tendrás que dormir tú.
Soltando una risita subió las escaleras. Adoro a mi sobrina, la crié como a una hija y me parte el corazón verla sufrir por no tener a su padre y tener que cuidar de su madre. Se merece una vida mejor pero si las cosas se dieron así quiero creer que fue por alguna razón del destino.
A la mañana siguiente desayunamos los tres juntos y llevé a Bel a la escuela. Al llegar a la empresa mi padre ya estaba allí, no había vuelto a hablar con él luego de la discusión.
-Hola Mark, hola pequeña.- Dijo abrazando a Christine.
-Hola abuelo.
-¿Cómo estás querida?
-Bien...me he quedado a dormir en lo del tío Mark y me invitó a ver como funciona la empresa.
-Es una idea estupenda, así conocerás tu futuro.- Fruncí el ceño al escuchar eso, no dije nada para no empeorar la situación con mi padre. A Chris le encanta el arte y no los números, no quiero que se sienta forzada a trabajar en la empresa solo porque su abuelo lo diga. No voy a permitir que tome decisiones por ella, tiene que hacer lo que crea correcto, confiar en ella misma.- Mark, ¿podemos hablar un minuto?
-De acuerdo. Chris puedes hacer e ir a donde quieras, luego te alcanzo.
-Está bien.
Fuimos hasta mi oficina, cerré las cortinas para que nadie presenciara otra discusión.
-Hijo, quiero pedirte disculpas por lo que te he dicho.
-Está bien.
-No estás siendo sincero, no perdonas fácil.
-En eso tienes razón, no es solo lo que me has dicho son todos los años de mi vida los que debo perdonar y eso es algo muy difícil de hacer.
-Te entiendo, sólo quiero que mantengamos una buena relación.
-No tengo problema con eso.
-De acuerdo.¿Aún necesitas que cuidemos de Bel?
-Sí, mañana saldré.
-Está bien, yo estaré en la empresa. ¿Podrías traerla?
-Pero mañana es sábado.
-Lo sé, pero estamos con un proyecto importante y necesito un día más finalizar todo correctamente. Solo serán unas horas.
-De acuerdo, ¿necesitas ayuda?
-No te preocupes, lo tengo todo calculado.
-De acuerdo. Iré a ver a Chris.
-Te veo luego Mark.
Suspiré aliviado, las tensiones con mi padre me estresan demasiado. No tuve que hacer mucho esfuerzo en encontrar a mi sobrina porque se encontraba en la oficina de Lexie. Incrédulo me acerqué hasta donde estaban, ambas reían y se las veía felices pero como era eso posible si ella odia a todo niño. Aunque Chris sea una adolescente creí que no le agradarían tampoco.
-¿Todo bien por aquí?
-¿Qué tal Mark? Lamento haberme distraído, estaba hablando con tu sobrina.
-Lo siento tío por haberla interrumpido.
-No hay problema.- Dije extrañado.-¿Te quedarás aquí  Chris?
-Sí, Lexie es muy divertida. Me quedaré un rato y la dejaré libre, lo prometo.
-De acuerdo...Lexie avísame si necesitan algo.
-Por supuesto.
Confuso me dirigí a mi oficina ¿Divertida?¿Lexie divertida? Pasé toda la mañana tratando de contestar esa pregunta, realmente era un enigma, era diferente con cada persona y aún no entendía por qué.
No encontré ninguna excusa para acercarme a ella luego de que mi sobrina se fuera, solo a la salida alcancé a decirle adiós desde mi oficina y ella sonrío en un intento de saludo.
Llegué temprano a casa para compensar mi retraso de ayer y jugué con Bel, luego de explicarle veinte veces que no tardaría en ir a buscarla al otro día la acosté. Antes de irme a dormir llamé a Jacob para confirmar nuestra salida al día siguiente.
-Hola Mark.
-Hola Jacob, ¿cómo va todo?
-Perfecto, aún sigue en pie nuestra salida ¿verdad?
-Para eso llamaba, ¿mañana te viene bien?
-Claro, ¿podríamos encontrarnos a eso de las ocho para ir a tomar algo antes?
-Estupendo, te voy llamando durante el día.
-Perfecto, descansa abuelito.
-Cállate, adiós.
-Adiós.
La mañana había llegado, llevé a Bel a la empresa, aún los empleados no habían llegado, solo mi padre y otro empleado más se encontraban allí.
-Llámame si necesitas que pase por ella.
-Ve tranquilo hijo, mañana la pasas a buscar.
-Sabes que me cuesta separarme de ella.
-Son un par de horas Mark, todo estará bien.
-De acuerdo. Adiós princesa, pórtate bien ¿si?
-Sí papi, te quiero.-Dijo dándome un fuerte abrazo, a duras penas me fui, tener que salir se hacía cada vez más difícil para mí.
Pasé la tarde haciendo los trámites que durante la semana no puedo realizar, compré un par de cosas para Bel y cuando la hora se acercaba me fui a encontrar con Jacob. Como siempre el estaba puntual en la puerta del bar.
-Hola hermano.- Dijo dándome un abrazo.
-Jacob.
-Si que es complicado verte, viejo.
-No es necesario salir para verme, puedes pasar por casa cuando quieras.
-Lo se, lo siento por estar tan ausente. El trabajo me está matando.
-Te entiendo, estoy en la misma. 
-¿Qué vas a pedir?
-Un vaso whisky estaría bien.
-¿Es lo único que bebes flojito?
-Sabes que siempre fue así.
-De acuerdo. Dos vasos de whisky, por favor.-Dijo al barman.
-¿Qué tal tu vida Jacob?
-Ya sabes...aburrida, ni una linda chica con la cual estar siempre son revolcones de una noche.
-Eso es porque no buscas. Hay muchas chicas que están dispuestas a una relación.
-Sí, el problema es encontrarla.
-Ya llegará.
-¿Que tal tú?¿La chica esa de la oficina?
-Ni lo digas, me está enloqueciendo. Es desconcertante esta mujer, puede ser fría y dura pero al rato ser dulce y amable, odia a los niños pero mi sobrina la ama.
-¿Conoció a Christine?
-Sí, ayer fue a la empresa.
-¿Qué hacía allí?
-Vino a casa porque se sentía sola.
-Hablaré con ella.- Dijo con el ceño fruncido, siempre se ha preocupado mucho por ella y Amy.
-Todo está bien, solo que todo es muy duro para ella.
-Lo sé, Mark.
-¿Qué te parece si vamos a ese lugar que querías ir? La conversación no es buena para un sábado por la noche.
-Estoy de acuerdo, andando.
Sin perder tiempo pagamos nuestras bebidas y fuimos hasta el local. Entramos rápidamente ya que Jacob conocía al dueño, llevaba tanto tiempo sin ir a bailar que al entrar las luces me nublaron la vista y la música me dejaba sordo. Definitivamente me estaba haciendo viejo.
Antes de ir a la pista fuimos por otro trago, las mujeres estaban entregadas se acercaban hasta nosotros sin ningún tipo de pudor. Jacob no perdió el tiempo y se quedó con una rubia con un ajustado vestido negro. Yo, por mi parte decidí moverme un poco en busca de algo mejor, algo que valiera la pena. Vi bastantes atractivas, pero tan vacías de la cabeza que creo que el físico fue su regalo de consuelo.
Fui por la pista, hasta que encontré a la indicada, la vi de espaldas, con el cabello rubio parecía un ángel y el vestido rojo que llevaba la hacía tentadora y sexie, la combinación perfecta, era mi ángel sexie. Estaba dispuesto a acercarme a ella hasta que un hombre la atrajo hasta él y comenzaron a bailar, ella no se opuso. Maldije por lo bajo, iba a darme la vuelta cuando vi que mi ángel sexie no era nada más ni nada menos que Lexie, bailando pegada a Frank Cooper.






lunes, 2 de junio de 2014

Capítulo 5

Lexie

Estaba petrificada frente a él, no sé por qué demonios vine hasta aquí, sólo sé que sentí como algo se removía dentro de mí al verlo en el estado que estaba, no sé si fue pena o lástima, ni yo misma me entiendo pero aquí estaba.
-¿Qué hace aquí Srta. Clark?
-Yo...lo siento ¿está usted bien?
-Sí, no estoy de humor para peleas por favor vaya a su oficina y evitemos un conflicto.
-¿¡Por qué debe ser siempre así!?¿¡Por qué debe tratarme de esa manera!?- Me encontré levantando demasiado mi tono de voz pero estaba que lanzaba chispas.
-Srta. Clark modere su tono, claramente no empezamos con el pie derecho y claramente no estoy de humor para conversar justo ahora. Discutiremos el tema en otro momento ¿si?
-Como diga.
Sin más me marché cerrando fuertemente la puerta de su oficina, me desesperaba a niveles incalculables, traté de sacar mi coraza y mostrar algo de simpatía al preocuparme por si estaba bien o no y resulta que el hombre me hecha de su oficina, será idiota. Lanzando una lista de insultos me dirigí a la cocina.
-Hey preciosa, que boquita tenemos, ¿qué ocurre?- Preguntó Frank que se encontraba desayunando allí.
-Mark Turner.
-Mmmm ya veo, ese hombre está resultando ser un verdadero problema.- Dijo con el ceño fruncido.
-Pues sí, ni te lo imaginas.
-¿Que hizo esta vez?
-Echarme de su oficina.
-¿Y por qué hizo eso?
-Porque quise saber si estaba bien.
-Ese si que está loco. Pero....¿por qué querías saber si estaba bien? Apenas lo conoces Lexie. Además mira como te trata- Dijo Frank con un tono de fastidio en su voz al cual no le veía la razón.
-Tuvo una discusión con su padre, cualquier persona hubiera hecho lo mismo.
-Ya veo...Déjame darte un consejo, no te involucres mucho con él.
-¿Y quién dijo que lo haría?
-Sólo digo, quiero que estés bien.
-Como digas.
-Para sacarte ese humor de perros que tienes que te parece si este fin de semana vamos a algún bar.
-No lo sé Frank.
-Vamos ¿qué te impide salir?
-Sabes que ya no me interesa eso de salir de fiestita.
-No es una fiestita, es ir a relajarnos, si quieres vamos con Jack.
-De acuerdo...
-¿Qué tienes con él? Sólo con nombrarlo puedo hacerte cambiar de opinión.
-Ya cállate o de verdad conocerás mi humor de perros.
Una voz se aclaró detrás de nosotros y últimamente ya la conocía bien, era Mark.
-Disculpen que moleste, ¿Srta. Clark podemos conversar un momento?- Y ahora se digna a hablarme correctamente el muy bipolar.
-Como quiera.
-A solas por favor.- Dijo fulminando con la mirada a Frank quien antes de irse me susurró que le avisara si lo necesitaba.
-Usted dirá Señor Turner.
-Tome asiento por favor.
-¿Quiere un café?
-No, estoy bien. Gracias de todos modos.
Asintiendo me senté en frente de él en una pequeña mesa de la cocina.
-Quería disculparme, no actué correctamente en la oficina hace un rato, pero mi padre y mi ex mujer lograron sacarme de mis casillas.
-Está bien, no quiero meterme en sus asuntos, solo quería saber si se encontraba bien.- Sabía que se había divorciado, los chismes vuelan en la empresa, solo vi a la mujer un par de veces y debo admitir que aunque es una linda mujer no la veo como el tipo de persona que podría acompañarlo en el día a día. Más bien la veo como mujer de una noche.




-Ahora estoy mejor, gracias.- Dijo dedicándome una sonrisa matadora, después de la del primer día que lo vi, podría decir que derritió una minúscula parte de mi corazón pero no, no puedo permitirme sentir absolutamente nada.- También quería disculparme por el día de ayer, sólo que me molestó mucho el comportamiento que tuvo con mi hija, no me interesa saber por qué reaccionó así pero ya no quiero pensar en ello.
-Está bien, yo tampoco quiero comentar más sobre el tema y me disculpo nuevamente por la situación.
-Me alegra poder tener un poco de paz, la necesitaba.
-Opino lo mismo, ¿algo más que quiera tratar?
-No, solo era eso...
-De acuerdo, entonces volveré a mi trabajo para no atrasarme. Con permiso Sr. Turner.
-Por supuesto, la veo luego.
Desconcertada me fui a mi oficina, su faceta no autoritaria le sentaba bien hasta parecía agradable el hombre, la charla me sacó un peso de encima me siento más desenvuelta y libre ahora que no está vigilándome constantemente, casualmente nuestras miradas se cruzan desde las oficinas pero no van más allá de eso.
Afortunadamente, logré terminar todo en un buen tiempo por lo que pude salir de la empresa diez minutos antes.
Aprovechando que mi jefe estaba mejor de ánimos salí antes de mi oficina, tomé mi abrigo y mi bolso y me dirigí a los ascensores. Presioné el botón y el elevador no tardó en llegar a mi planta, Mark entró justo cuando las puertas estaban por cerrarse quedando a pocos centímetros de mí.
-Lo siento.- Dijo con la respiración entrecortada y alejándose lentamente de mí.
-No hay problema...
-Sólo quería pedirte perdón es enserio lo que dije hoy no fue por compromiso.
-Está bien Sr. Turner no necesita aclararse...Espere ¿acaba de tutearme?
-Sí, Lexie, quiero que tengamos una buena relación, puedes llamarme Mark como lo dije el primer día.
-No creo que sea algo conveniente.
-Vamos, no me digas que estás chapada a la antigua con ese formalismo.
-¡Claro que no!
-Entonces ¿por qué no puedes decirme simplemente Mark?
-Supongo que por educación y respeto, pero lo intentaré. De todos modos es trabajo, no se necesita más que cordialidad y paciencia para no pasar un mal momento.
-Yo no lo veo de esa manera.- Dijo serio.
-¿Se va a su casa?- Pregunté para cambiar de tema y evitar otra discusión.
-Sí, debo ir a buscar a mi hija a la escuela.- Y allí volvíamos de nuevo, el nudo instalado en mi estómago y mi ceño fruncido.
-Ya veo.
Mark no entendía mi reacción creo que hasta en cierto punto lo enojaba pero decidió dejarlo pasar cuando las puertas se abrieron, exhaló y dijo:
-Adiós, Lexie. Te veré mañana.
-Adiós Sr....digo Mark.
-Mucho mejor.
Me paré en la acera y tomé el primer taxi que encontré meditando y pensando en todo lo ocurrido hoy, aún no comprendía el cambio radical de Mark, ese hombre es bipolar y de verdad me va a enloquecer, no me cabe duda. Por un lado, me alegra que haya cambiado de actitud conmigo, lo hace mejor pero por otro lado sé que la paz entre nosotros no va a durar mucho, siento que cada encuentro que tenemos es como una bomba que está a punto de estallar y no sé si eso será bueno o malo. Por mi parte, voy a dejarme llevar por lo que tenga preparado el destino, ya no puedo pensar en un futuro, solo miro el presente.
Agotada, luego de un día de emociones me di un baño caliente para quitar el frío del crudo invierno. Ordené un poco mi casa, que aunque es pequeña es acogedora y linda para mí. Preparé un estofado con salsa y mientras cenaba llamé a Melissa, ya que es capaz de reprocharme toda una semana el no haberla llamado.
-Hola Lex.- Dijo al segundo tono.
-Hola Mel, ¿cómo estás?
-Agotada, en cuatro días es el acto del jardín e intento que todo salga a la perfección. Por cierto, ¿vendrás no?
-Pues....¿no hay manera de decir que no?
-¡Lexie!¡Me lo prometiste! Además, te tengo una sorpresa.
-De acuerdo, de acuerdo solo veía que posibilidades tenía.
-Pues ya ves que ninguna.- Logró sacarme una sonrisa.-¿Qué tal tu día?¿El jefe?
-No me lo creerás, pero hoy se disculpó por su actitud ya que me había gritado, no te imaginas como estaba el hombre, estaba poseído.
-Me lo imagino, tal como tu cuando te enojas.
-Ya, ya suficiente.
-¿Y qué más dijo?
-Nada, sólo eso, no sé en que terminará todo esto.
-Pues tú sobre su escritorio y el encima tuyo.
-¡Cállate Melissa! Respeto mucho mi trabajo y sabes bien que jamás pensaría en eso, menos con mi jefe.
-Eso dices ahora...
-No se puede hablar contigo, te llamo mañana.
-Aún así me amas.
-Sí, si claro. Adiós.
Mi amiga puede ser sumamente infantil e imaginativa cuando se lo propone, por eso lleva una buena relación con los niños, lo que me pone los nervios de punta.
Lavaba los platos cuando tocaron el timbre.
-¿Quién es?
-Jack, traje unos chocolates, de los que te gustan, más te vale abrirme en este mismo instante porque estoy muriendo de hipotermia.
Sequé mis manos y abrí lo más rápido que pude.
-Dios, Jack estas helado. Vamos, entra.
Prendí la calefacción para que entrara en calor y preparé café para acompañar los chocolates, mi debilidad.
Nos sentamos juntos en el sillón para poder hablar cómodos.
-Bueno ahora sí, Lex, desde mi última visita han pasado ya seis días. Suelta todo.
-Sabes que mi vida no es tan divertida como la tuya, mi semana se basó en limpiar, salir a correr por la mañana, ver alguna que otra película y el trabajo claro está.
-Ya sé eso tonta, me refiero a que me hables de Mark, sé que algo estuvo pasando pero solo sé migajas de los chismes que corren por la empresa.
-Con que ya hay chismes eh...
-No desvíes el tema, cuenta de una vez mujer.
-Mark me desconcierta Jack, es raro, los dos primeros días fueron un completo desastre, discutimos mucho, hoy también, es como una tormenta que está a punto de desatarse a penas nos cruzamos. Pero sorprendentemente, hoy me pidió perdón porque quiere que llevemos una buena relación.
-Ya veo... si no fuera por mi hermana que me llena la cabeza con sus historias amorosas diría que es tu hombre pero no lo sé, no soy quien para decirlo.
-No digas tonterías Jack, me asombra, siempre fuiste inteligente. No pasará nada con él, sólo que nuestros encuentros son muy intensos cosa que no sentía hace mucho tiempo, me siento viva y no sé por qué.
-No se como seguirán ustedes dos pero si ese hombre te hace sentir viva me alegro mucho porque es lo que he tratado de conseguir todo este tiempo y no lo había logrado.
-Sabes que eres importante para mí Jack, aun sigues siendo mi apoyo.
-Lo sé Lex. A veces hay que aceptar que algunas cosas nunca van a volver a ser como eran antes pero a pesar de todo siempre vas a tener aunque sea una razón para ser feliz. Tienes gente que se preocupa por ti más allá de que lo estés pasando fatal.
-Gracias por estar siempre, no sé que haría si no te hubiera conocido, fue una linda casualidad.
-Mmm no creo en las casualidades, si nos conocimos fue por algo.
-Quizás...Cambiando de tema, Frank me dijo de ir este fin de semana a un bar sabes que detesto esos lugares pero si vas y me haces compañía podría pensármelo dos veces.
-Que harías sin mi Lexie...
-No lo sé Jack, pero ¿que dices vienes o no?
-Si es lo que quieres claro.
-Perfecto.
-¿Irá Melissa?- Jack está enamorado desde el primer momento de Melissa, tuvo un flechazo a simple vista y ella aún no se da cuenta, he tratado de juntarlos en numerosas ocasiones pero no pasan de la charla.
-¿Cómo van las cosas con ella?
-He quedado un  par de veces con ella.
-Y....
-Y nada, tengo miedo que me rechace.
-No seas gallina.
-No da signos de que yo le guste y no quiero que mi orgullo salga lastimado.
-Pues deja tu orgullo de lado y date la posibilidad de conocer  a una chica increíble para tener a tu lado.
-Dame tiempo, sé que lo voy a lograr.
-Que no sea demasiado tarde.
-Intentaré, ¿me dejas quedarme a dormir?
-Por supuesto.
Jack acostumbra quedarse seguido a dormir, es mi mejor amigo y lo considero como un hermano, tenerlo cerca mío me reconforta y hace que no piense en lo sola que me siento en la noche. Que me abrace cuando dormimos me hace sentir protegida, ambos nos consideramos familia.
Ordenamos el living, lavamos las tazas y nos fuimos a dormir. Yo como siempre acurrucada en su pecho y él acariciando mi pelo en un gesto fraternal antes de que mis ojos se cerraran completamente dijo:
-Te quiero mucho Lex, quiero que seas feliz.
A la mañana siguiente desperté con una pierna fuera de la cama y la mitad de cuerpo destapada, así era dormir con Jack, una lucha de boxeo en la que el equiparaba toda la cama y mis sábanas. Decidida a vengarme tomé una almohada y comencé a golpearlo con esta en su espalda.
-Hora de despertaaaaaaaaaaaar.- Comencé a gritar.
-¡Lexie!¡Tienes que estar de broma!¡Para ya!
-Pues mira el desastre que has hecho en la cama.
-Tu me dejaste dormir aquí.
-Lo sé, soy la culpable. Ve a ducharte antes de que equipare yo el baño.
Disparado salió en dirección al baño, sabe perfectamente que puedo tardar horas como la última vez en la que tuvo que ducharse con agua fría ya que había usado toda el agua caliente en un baño de espuma. Cabe aclarar que ese día era helado.
Revisé el reloj y me di cuenta que no llegaría a tiempo, no quería otra pelea con Mark así que sin rodeos entre al baño.
-¡Hey!¿Qué pasa?¿Quieres ver el espectáculo?
-Ya cállate, no voy a llegar a tiempo ponte la toalla y vístete o tu tampoco llegaras.
-Pasame la toalla.




-Increíblemente en menos de cinco segundos ya estaba listo para salir del baño con sus cosas.
-Prepararé el desayuno, podemos ir en mi auto.
-Perfecto.
-Es mi pago por la estadía.
-Suena justo.- Lanzandole una sonrisa cerré la puerta.
Me di un baño tratando de ser lo más rápida posible, sequé mi pelo para no enfermarme al salir al frío de la calle y me cambié. Para cuando estuve lista el desayuno ya estaba servido, Jack es un excelente cocinero.
-Alegraste mi mañana con estos waffles Jack.
-Sabes que son mi especialidad.
-Puedes dejar algunos para que me lleve al trabajo...
-Como negarte algo si pones esa cara de cachorrito, malvada.- En tiempo récord me preparó dos waffles para llevar que serían mi almuerzo.
Luego de limpiar y tomar nuestras cosas de trabajo nos dirigimos a la oficina, antes de llegar a mi planta Jack me dijo:
-Sé tu misma, no dejes que nada te frustre y ten paciencia.
-Lo intentaré.
-Te veo luego Lex
-Adiós, que tengas un buen día.
-Igualmente.
Para cuando llegué Mark ya estaba sentado en mi escritorio.
-¡Oh Lexie!¡Lo siento! Me distraje viendo unos documentos que quería revisar ¿Cómo estás?
-No hay problema, estoy bien, gracias. Si quiere podemos empezar ahora mismo.
-¿No quieres desayunar primero?
-Acabo de desayunar, no tengo problema.
-De acuerdo entonces empecemos.
Analizamos los detalles de la cuenta alrededor de una hora, milagrosamente nuestros puntos e ideas fueron similares por lo cual no tuvimos mayores problemas.
-Bueno Lexie, creo que eso es todo por ahora. La semana que viene tendremos una reunión con todo el personal de la empresa y quiero que me ayudes a organizarla ¿que te parece?
-Por supuesto, encantada.
-Perfecto, ¿que harás en el almuerzo?
-Mmm no lo sé.
-¿Comerías conmigo?
-Creía que usted se refería a una relación laboral, no a una amistad.
-Es sólo un almuerzo, no te pido que seas mi mejor amiga. Somos adultos Lexie, creo que parte de una buena relación laboral se da conociendo a los empleados.
-De acuerdo, coincido con usted.
-Perfecto, te veré en la cocina entonces.
-Claro.
Con una sonrisa se fue a su oficina, no entiendo que es lo que sucede con él, por momentos me odia y me grita al otro es amable y quiere almorzar conmigo. Esto es demasiado para mi cabeza. Para distraerme un rato ya que no tenía mucho para hacer decidí llamar a mi madre que hace mucho no veo.
-Hola mamá.
-Lexie, por fin, creí que te habías olvidado de tu madre.
-No mamá.- Dije poniendo los ojos en blanco.
-¿Cómo estás pequeña?
-Bien, comencé un nuevo trabajo esta semana.
-¿Y qué tal es?
-Es bueno, pagan bien y además Frank y Jack trabajan aquí.
-Aguarda ¿es esa super empresa que trabaja ayudando a los bancos?
-Esa misma mamá. Turner Inc.
-¡Qué felicidad hija!¡Estoy orgullosa de ti!
-Gracias mamá.
-¿Cuándo podré verte?
-Sabes que puedes venir cuando quieras, en casa hay lugar.
-Veré como nos arreglamos con tu padre para ir, ¿te parece?
-De acuerdo, avísame para saber.
-Por supuesto. Llama más seguido hija, te extrañamos.
-Y yo a ustedes, los llamo luego.
-Cuídate.
Luego de colgar, me entretuve con un contrato que no requería demasiada atención pero algo debía hacer para ocupar la mañana, no puedo quedarme sentada sin hacer nada. La hora del almuerzo llegó, pensé en decirle que no almorzaría pero no lograría nada con eso. Cerré mi oficina y fui a la cocina.
-Hola, Lexie.- Dijo Mark.- ¿Tienes tu comida o preparo algo?
-Traje waffles.
-¿Waffles?¿Esa es tu idea de un almuerzo? Debes alimentarte bien.- Si hay algo que detesto es que me digan que es lo que debo hacer y este almuerzo ya lo veía convertido en un completo desastre.
-Los hizo mi mejor amigo, no pude resistirme a traerlos.- Su cara se contrajo, no sé que fue lo que dije mal, al contrario hice el esfuerzo por no insultarlo.
-Entendible. Siéntate, por favor.
Tomé asiento a su lado y compartimos nuestra comida.
-Cuéntame un poco de ti.
-Prefiero no tocar ese tema.
-De acuerdo. ¿Demasiado personal?
-Sí.
-Entiendo, ¿cómo te sientes en la empresa?¿los demás te tratan bien?
-Estoy muy a gusto, el trabajo que hago me encanta y además mis dos mejores amigos trabajan aquí.
-¿Ah si? Tu novio también trabaja aquí.
-¿Disculpe?
-El Sr. Cooper.
-Claro que no, Frank es uno de mis mejores amigos y Jack Foster que trabaja un piso más arriba es otro, el autor de estos increíbles waffles.- Su cara volvió a serenarse con mi aclaración, de verdad que es desconcertante.
-Me alegra que te sientas a gusto, es muy importante para nosotros.
Disfrutamos de la comida en paz, no tocamos temas personales, nos limitamos a hablar de la empresa y su historia. Luego del almuerzo revisamos otros documentos juntos y cuando ya estaba por oscurecer me permitió marcharme.
La suerte no estaba de mi lado hoy porque al salir de la empresa la lluvia tan característica de Londres se hizo presente y ningún taxi de los que circulaban se detuvo para que subiera. Comencé a caminar rezando para que alguno parara, estaba congelada y seguro me enfermaría.



De repente, un magnífico Audi color negro se detuvo delante de mí, el conductor bajó la ventanilla y dijo:
-Sube ya mismo al auto.
Era Mark.