lunes, 6 de octubre de 2014

Capítulo 23

Lexie

Un calor abrazador recorría mi cuerpo, podía sentir el sudor que ya comenzaba a molestarme. Desperté y una sonrisa asomó en mi rostro al comprobar que el calor provenía de los brazos de Mark que me tenían bien afirmada a su cuerpo. Intenté liberarme de un brazo y luego del otro; pero el movimiento fue en vano porque en una milésima de segundo me tumbó sobre él.

-¿A dónde crees que vas?- Dijo.
Respondí con un dulce beso en sus labios.




-Buen día, solo quería levantarme.
-Si me despiertas con estos besos si que son buenos días.- Dijo esta vez asaltando mi boca, ya sabía cómo terminaría esto pero mi cuerpo ya había recibido su cuota de ejercicio la noche pasada.
-Mark...
-Mmm...
-Me encantaría repetir la noche pasada justo ahora pero...
-¿Pero...?
-Es que...
-¿Qué ocurre?
-Ya sabes que hace un año no tenía relaciones y digamos que estoy algo adolorida.
-Oh Lex, ¿te he lastimado?- Dijo preocupado.
-No, no. En absoluto, fue alucinante.- Una sonrisa amplia curvó sus labios.- Pero preferiría pasar por hoy.
-No debes preocuparte. Quiero que estés bien.
-No tardaré.
-Eso espero.- Dijo mirándome pícaramente.
-¿Qué hora es?
-Déjame ver.

Buscó su reloj en la mesa de luz y pude apreciar las vistas de su perfecto cuerpo desnudo.
-Si que te gusta lo que ves Lexie Clark.
-Me encanta.
-Déjame decirte que a mi también me encanta verte así mi ángel. Son las ocho en punto.
-¡Oh Dios Mel!
-¿Qué?
-Debo ir a verla al aeropuerto, por Dios como pude haberme olvidado.
-Tranquila, ¿a qué hora es el vuelo?
-A las diez.
-Iré a bañarme al cuarto de huéspedes si quieres báñate aquí. 
-¿No haríamos más rápido si nos bañamos juntos?
-Créeme que no.
-Oh ya entiendo...
-Yo te llevo.
-¿De verdad?
-Por supuesto.
-Gracias.- Dije depositando un beso en sus labios.
-No es nada. Vamos, andando. Hay mucho por hacer.
-Sí, señor.

Tomé la ropa de la noche pasada ya que no tenía otro cambio para usar y preparé la ducha. El agua escurriendo por mi cuerpo era un bálsamo para mi piel que había sucumbido al tacto y los besos de Mark. Mi parte más íntima aún estaba resentida al más mínimo roce. No puedo negar que es increíble en la cama. Ni en mis más locos sueños hubiera imaginado sentir todo lo que alcancé con Mark en una sola noche.
Dejé mi cabello mojado ya que no había tiempo para arreglos y cambiándome lo más rápido posible, bajé al living.

-¿Estás lista?
-Sí.
-Preparé café para llevar.
-Perfecto. ¿Vamos?
-Seguro. Ve al auto iré por las llaves.

Lo esperé en la puerta del auto hasta que a los cinco minutos volvió a aparecer. 
-Listo. Ya podemos ir.
Subimos al auto y condujo lo más normal pero a la vez rápido posible para que yo llegara a tiempo para ver a Mel y Jack.
-Gracias por traerme Mark.
-Cualquier cosa por verte feliz.
Sostuve su mano repartiendo suaves caricias hasta que llegamos al aeropuerto. Me dirigí a un oficial para preguntarle cuál era la terminal a la que debía dirigirme con destino a Francia y luego de aclararme cómo llegar caminé lo más rápido posible dejando a Mark atrás.

"Salida del vuelo British Airlines 815 con destino París, señores pasajeros embarquen por la puerta A42" 

La voz de los parlantes me sobresaltó y opté que correr sería la mejor opción para llegar hasta mi amiga. La mejor decisión que pude tomar porque pude ver como Mel se levantaba de su asiento junto a Jack para embarcar.

-¡Melissa!- Grité.
-¡Lex!- Gritó ella.

Ambas corrimos hacia la otra como si de una película se tratase. Nos abrazamos muy fuerte. Era la primera vez que nos separábamos desde pequeñas siempre hemos hecho todo juntas y verla partir aunque solo sean unos días para que luego sea permanente no se me hacía nada fácil. Las lágrimas escurrían por mi rostro y la gente se detenía para observar el espectáculo que estábamos montando.

-Creí que no vendrías.
-Lo sé lo siento.
-Te has acostado con el jefecito...
-¿Cómo lo...?
-Se te nota, ¿crees que no te conozco?
-Bueno, ¿es algo bueno no?
-Por supuesto que sí. Estoy orgullosa de ti y espero que no hayas arruinado todo para cuando vuelva.
-Esperemos...
-Lexie...
-Si, bueno. Está bien, prometo no arruinarlo.
-Así me gusta.
-Voy a extrañarte Mel.
-Y yo a ti hermana del alma, pero volveré más pronto de lo que piensas.
-Contesta tu teléfono cuando te llame.
-Por supuesto.

"Última llamada vuelo British Airlines con destino Francia, solicitamos a los pasajeros embarquen por la puerta A42"

-Otra vez esa maldita voz juro que rompería esos parlantes en este mismo instante.
-Tranquila amiga, relájate.
-Creo que deberías ir yendo. 
-Espera, Jack quiere saludarte también.

Pude ver como mi mejor amigo estaba a solo unos metros observándonos para darnos nuestro espacio y lo agradecía.
Al llegar a mi lado nos dimos un abrazo cargado de emoción.

-Voy a extrañarte testaruda Lex.
-Y yo a ti descarado Jack.
-¿Qué voy a hacer sin tus reproches estos días?
-¿Quizás llamarme?
-Mmm me lo pensaré.
-Ya verás como llamas solito.

Los tres reímos porque lo más probable era que ninguno de los dos aguantáramos sin hablarnos.

-Bueno deberían embarcar.
-Sí, apenas aterricemos te mandamos un mensaje.
-Más les vale.

Nos dimos nuevamente un abrazo los tres y los observé partir. Antes de desaparecer por la puerta Mel se volteó y me sonrió.



-Te amo.- Pude leer en sus labios.
-Y yo a ti.- Grité para que me escuchara, toda la gente me miró y mi amiga no pudo evitar reír.

La observé marcharse y unas manos que ya conocía se posaron en mis hombros seguido por un beso en mi cuello.
-Volverán más pronto de lo que crees mi ángel. Por ahora me tienes a mi y tendrás que conformarte.
-No hay quejas señor.
Los dos reímos.
-Debo ir por Bel, ¿me acompañas?
-Claro, pero ¿no es tarde para su entrada al jardín?
-Sí, hoy la llevaré a la oficina.
-Oh, le encantará.
-No me gusta que esté allí, ya sabes...por Sara y mi padre pero no tengo otra opción.
-Ya se nos ocurrirá algo.

Volvimos al auto y Mark condujo hasta la casa de Jacob. En menos de media hora estuvimos en la puerta.
Cuando llegamos Isabella y Jacob estaban en el jardín delantero jugando.

-Paaaapi, no podré ir a la escuela. Has llegado tarde.- Dijo su hija haciendo un adorable puchero.
-Lo siento pequeña. Tuvimos que hacer algo antes, de todos modos tu maestra Mel se fue de viaje.
-Sí, sabía no quería que se fuera.- Dijo apenada.
-¿Te gustaría venir a la oficina?
-Siii.
-Por qué no vas con Lexie mientras hablo un minuto con el tío Jacob.
-Está bien, papi.

Bel vino hacia mi y aferrándose a mis piernas me dio un fuerte abrazo haciendo que las revoluciones de mi corazón crecieran. Esta niña me ganaba el corazón por completo con su dulzura y yo en lo único que pensaba era en las ganas que tenía de que ella fuera mía.

-Hola Lexie.
-Hola pequeña, ¿cómo lo has pasado?- Dije cargándola en mis brazos.
-Bieeen, jugué con Chris y el tío Mark me hizo mi comida favorita.
-¿De verdad?¿Cuál es?
-Hamburguesa con papas.
-Mmm pero que casualidad, es mi especialidad.
-¿En serio?
-Sí y estás invitada cuándo quieras a comer a mi casa.
-Siiii, puede ser después del jardín.
-Tú me dices cuándo.
-¿Te gustó la sorpresa de papá?
-¿Qué?
-La sorpresa de anoche...- Los colores subieron a mi cabeza.
-Oh...si...eh...si fue muy lindo.
-¿Eres la novia de papá?
-Solo si tú quieres.
-Siii.
-Entonces es un sí.
-¿Vendrás más seguido a casa?
-Eso supongo.
-¿Y jugarás conmigo?
-Por supuesto.
-Siii.

Isabella se aferró a mi cuello y me abrazó muy fuerte. Un sentimiento de felicidad se extendió por todo mi cuerpo, mis ojos se humedecieron un poco por la emoción. Mark llegó hasta nosotras y dijo:

-Voy a ponerme celoso. No hay abrazo para mí.

Las dos nos acercamos rápidamente y nos dimos un fuerte abrazo los tres. Mark me miró a los ojos y susurró:
-Gracias. Eres lo mejor que me ha pasado.
Nos dimos un suave beso hasta que Bel nos vio.
-Diuuuuuu, en frente mío no.
-Lo siento, mi cielo.- Dijo Mark riendo.

Después de despedirnos de Jacob nos subimos al auto y fuimos de camino a la empresa. Estacionamos el auto en la cochera del edificio y subimos los tres a nuestra planta.
Al abrirse las puertas del ascensor el padre Mark apareció y la felicidad que tenía en su rostro se vio opacada por su rostro más serio.




-Buenos días.- Dijo el Sr. Turner.
-¡Abuelito!- Gritó Bel.
-Hola pequeña, dale un beso a tu abuelo.- Isabella se acercó a él dándole un fuerte abrazo y un beso. Luego de que se separaron dijo:
-Hola Mark. Señorita Clark necesito que me acompañe a mi despacho.
-Papá ya hablamos de esto.- Intervino Mark.
-Tú has lo tuyo que de mis empleados me encargo yo.
Vi como sus nudillos se volvían blancos al contener su furia y yo seguí al jefe hasta su oficina.
-Tome asiento por favor.
-De acuerdo.
-¿Sabe por qué está citada Señorita Clark?
-No, señor.
-Verá, una fuente me ha hecho llegar información de que usted está vinculada a una extracción de dinero no autorizada de la empresa.
-Imagino que sabrá que eso no es cierto.
-Eso no lo sé. Dígamelo usted.
-Por supuesto que no, señor. Soy una persona honesta. Si bien no soy rica el dinero no me falta, trabajo duro en esta empresa y sería incapaz de robar dinero.
-Oh, sí me he dado cuenta de que trabaja duro.
-¿Perdón?
-Seamos sinceros. En el último tiempo ha estado más encima de mi hijo que de los papeles.
-Disculpe pero no voy a tolerar esa falta de respeto de su parte.
-Lo mismo digo yo con respecto a la empresa señorita. Mi hijo se ha comprometido a encontrar al culpable. Tiene un mes para lograrlo de caso contrario usted será despedida ¿entendido?
-Como quiera.- Dije conteniendo las ganas de darle un buen puñetazo en su cara.
-Puede retirarse.

No contesté y me dirigí al despacho de Mark.
-Bel, por qué no vas a mi oficina un rato que necesito hablar con tu papi.
-Está bien...- Dijo ella.
Cerré la puerta y abracé con fuerza a Mark.
-¿Estás bien mi ángel?¿Fue muy malo el desgraciado?
-Gracias.
-¿Por qué?
-Por confiar en mí y querer ayudarme.
-Sé que no has sido tú, Lex y juro que voy a encontrar al que te culpa de todo esto. Tú no te quedarás sin trabajo.
-Sin importar el hecho de que lo descubras o no y me despidan, ya gané más de lo que podía pedir.
-¿Ah sí?- Dijo sonriendo.
-Te gané a ti y a tu hermosa hija.
-Y nosotros a ti.
Nos dimos un tierno beso en los labios porque sabíamos en qué terminaría todo si continuábamos.
-¿Sabes algo?- Dijo Mark.
-¿Qué?
-Un día voy a hacerte mía sobre este escritorio.
-¿Ah sí?
-Sí, así que te recomiendo que vayas a tu oficina porque me estoy conteniendo.
Estallé en carcajadas y fui hasta mi oficina. Bel estaba en mi silla dibujando sobre el escritorio.

-Mmm alguien invadió mi escritorio.- Dije cerrando la puerta detrás de mí. Bel se río y atinó a levantarse para dejarme el asiento.- Oh, no linda. Ven arriba mío.
Me senté en la silla y la subí a mis rodillas.
-¿Qué dibujabas?
-A nosotros. Esta eres tú, este es papi y esta del medio soy yo.

Las lágrimas corrieron por mi rostro sin previo aviso. Sin darme cuenta estar con Mark implicaba mucho más de lo que pensaba. No serían mi familia pero yo ya los sentía como míos y eso me aterraba. Me aterraba el hecho de pensar que podría perderlos y las fuerzas ya no me alcanzarían para poder superar otra pérdida.

-¿Por qué lloras?¿Hice algo malo?- Dijo Bel preocupada.
-No cielo, es un dibujo muy lindo. ¿Me das un abrazo?

Ella no contestó y sólo me abrazó acurrucando su cabeza en mi cuello la sostuve contra mi pecho varios minutos, la sentía tan mía que no quería soltarla. Era el mismo sentimiento que sentía al tener a Charlotte en mis brazos y poder revivirlo se sentía la gloria.

Solo nos separamos por el carraspeo de Mark.
-¿Qué ocurre aquí?
-Nada, estábamos pasando tiempo juntas.- Dije sonriendo.
-Me encanta que así sea, solo quería ver si estaban bien. Ya es la hora del almuerzo e iba a llevar a comer algo a Bel, ¿quieres venir?
-No, está bien. Estoy muy atrasada.
-De acuerdo. ¿Quieres que te traiga algo?
-No, gracias. Comeré algo de la cocina.
-Te veo luego entonces mi ángel.
-Nos vemos.

Mark y Bel se fueron y yo continué con el trabajo que había dejado descuidado; ya estaba en la cuerda floja y no podía permitirme cometer errores.
Una vez terminado con los papeles más importantes fui hasta la cocina para almorzar y allí me encontré con Frank.
-Hola Lexie.- Dijo él. La situación me hacía sentir incómoda pero no podía ignorarlo.
-Hola Frank, ¿cómo estás?
-Como puedo, al parecer tú muy bien.
-¿Por qué lo dices?- Dije frunciendo el ceño.
-Te vi con la niña y el jefe.
-Mira Frank. Esta situación ya me está cansando. Me gusta Mark, estoy bien con él. Creía que querías que fuera feliz pero ya veo que me equivoqué.
-Yo soy el que debía y debe hacerte feliz. Por Dios, te esperé por qué dijiste que no podías continuar nada desde la muerte de tu hija y eso lo entendía, pero al parecer se te ha olvidado rápido.
No lo pensé más y le di una bofetada en el rostro.
-No te atrevas jamás a hablar así de mi hija.
-Yo...Dios...lo siento Lex. No sé que demonios me ocurre. Es el dolor el que habló por mí.
-No lo sé Frank, has sido muy cruel con tu comentario.
-Ya lo sé, fui un cerdo. Escucha, no quiero que estemos mal. Hoy debo ir a hacer unas compras para mi casa ¿me acompañas y hablamos más tranquilos?
-Está bien, Frank.
-Gracias.
-Es la última oportunidad que te doy.
-No la desperdiciaré.

Frank se fue de la cocina y yo volví a mi oficina ya que me había quitado el apetito.
Estaba concentrada con mis papeles cuando mi celular sonó.
-¿Hola?
-Hola hija, llamaba para avisarte que ya llegué a casa.
-Oh, que suerte. ¿El vuelo estuvo bien?
-Sí, cariño. 
-¿Cómo se encuentra papá?
-Insoportable como siempre.
-Eso es bueno entonces.- Dije riendo.
-¿Tú cómo estás?
-Con las emociones revolucionadas pero ya te contaré cuando tenga todo más claro.
-Mmm desde cuándo eres tan misteriosa.
-Ya sabrás mamá, pronto. Bueno debo dejarte para seguir trabajando.
-Claro cariño. Nos mantenemos en contacto.
-Adiós mamá. Te quiero.
-Y yo a ti cielo.

Colgué el teléfono y seguí trabajando. De vez en cuando Bel se asomaba por la puerta de mi oficina y conversábamos. Me he enterado muchas cosas de ella como por ejemplo su relación con Jim de la cuál no puede hablar con su padre, que su color favorito es el rosa, que le encantan los animales, que su cumpleaños es dentro de una semana, que le encanta la ropa y armar sus propios conjuntos y por sobre todas las cosas lo mucho que ama y admira a su padre.
El día pasó más rápido de lo que creía, al llegar la hora de salida tuve una pequeña discusión con Mark ya que se había puesto celoso por haber quedado con Frank después de la empresa. Luego, de aclararle repetidas veces que no significaba nada para mí y que lo elegía a él finalizamos con un delicado beso prometiéndole que lo llamaría en cuánto llegara a casa.

Tomé mis cosas y esperé a Frank en la puerta de la empresa.
-¿Lista?
-Sí.
-Debo ir a la tienda que está a la vuelta.
-Perfecto, vamos.
El silencio se coló entre nosotros durante el camino hasta que ya se había tornado insoportable.
-Bueno, dijiste que querías aclarar las cosas. Te doy la oportunidad y te quedas callado, no te entiendo sinceramente.
-Lo siento, estoy nervioso.
-Somo grandes Frank, puedes decirme lo que tengas para decir.
-De acuerdo. Mira, he pensado bien las cosas. Me he portado como un auténtico idiota y entiendo si no quisieras perdonarme. Jamás me había pasado esto con una mujer. Eres única Lex, eres graciosa, valiente, fuerte, carismática, hermosa ¿cómo no iba a enamorarme de ti? Sabía que venías de un momento terrible y por lo tanto decidí esperarte pero imagina cómo me sentí al verte de un día para el otro con Mark Turner.
-Frank...
-Deja que termine. Los celos me invadieron por completo, yo quería que fueras mía. Sabía que yo podría hacerte feliz pero después de tanto pensar me di cuenta que no sirve de nada atarte a una relación que no quieres por más que yo sepa que puedo darte todo. Si eres feliz con él entonces no me queda más remedio que aceptarlo, prefiero eso antes que perderte.
-Frank, te quiero muchísimo. Siempre te he considerado como mi familia, tampoco estaba en mis planes sentirme atraída por Mark, pero el destino hizo lo que quiso y en esto terminamos. No tengo el control de mis emociones y no quiero verte sufrir. Estoy segura que alguna mujer se sentirá correspondida y esa será la ideal para ti.
-Eso espero, Lex.
-Sucederá.- Le di una delicada sonrisa y seguimos con las compras.





-Cambiando de tema, vi que salías muy enojada de la oficina del Sr. Turner hoy ¿ocurrió algo?
-Un problema con respecto a dinero que falta pero Mark se está encargando.
-¿Dinero que falta?
-Sí, al parecer alguien hizo una extracción y me han culpado a mí.
-Lexie...
-¿Si?
-Hay algo que vi pero no estoy seguro aunque quizás pueda ayudar.
-¿Qué viste?
-A tu ex esposo junto a Sara Hughes besándose en el estacionamiento de la empresa.

jueves, 2 de octubre de 2014

Capítulo 22

Mark

Desperté por los rayos del sol que se asomaban por la ventana, abrí lentamente los ojos y lo que vi parecía un sueño. Tenía en mis brazos a mi ángel rubio, brindándome su paz y calor. Su cabeza estaba contra mi pecho y sus brazos rodeaban mi cintura. Quité una mano para poder acariciar su suave rostro. Se la veía tan relajada que no quería despertarla.Todo era perfecto. La mejor manera de comenzar el día. Creo que no podría encontrar una imagen más perfecta que este momento.
Ella se removió en mis brazos y abrió sus ojos. Al verme me dedicó una sonrisa somnolienta.

-¿Estoy soñando?- Dijo ella.
-No lo sé. Estoy tratando de comprobarlo.
Me acerqué a sus labios y la besé delicadamente.
-No. Esto es bien real.
Ella me sonrió ampliamente esta vez.
-¿Qué hora es?
-¿Tan rápido te quieres marchar?
-Sabes que sólo pregunto Mark.
-Es temprano. De todos modos, hoy no iremos a la empresa quiero disfrutar el día contigo.
-Mark, no podemos. 
-Claro que sí, soy tu jefe.
-No es por eso. Mira, tu padre me llamó ayer y estoy citada para ir antes de mi entrada.
-¿Y por qué ha llamado?- Dije frunciendo el ceño.
-No lo sé.
-¿Ahora me lo dices?
-No me vengas con el mal humor a mi Mark.
-Lo siento, lo siento. Espérame un segundo. Ahora vengo.
-¿Mark?¿Qué harás?
-Tranquila, yo me encargo. Toma una ducha si quieres.

Salí de mi habitación y tomé mi celular, enseguida llamé a mi padre.
-Hola Mark.
-¿Para que necesitas a Lexie hoy?- No me tomé la molestia de saludarlo.
-Debo hablar seriamente con ella.
-¿A qué se debe eso?
-Tema entre ella y yo.
-Claro, porque yo estoy pintado en la empresa.
-Al parecer sí, porque rara vez te veo sentado en tu escritorio haciendo lo que te corresponde.
-¿Estás bromeando verdad?
-Desafortunadamente no. Una cadena de errores es lo que tienes por vida. 
-¿Qué?¿De qué hablas?
-Dejar a una mujer increíble como Sara para irte con esa mujerzuela ladrona.
-¿Estás hablando de Lexie?- Dije subiendo el tono de voz.
-Claro que sí.
-Escúchame bien porque ya estoy harto de repetirlo. Aquí la mala de la historia no es Lexie no sé que cuento tienes en la cabeza pero no quiero volver a escucharte decir algo malo de ella porque te juro que vas a conocerme. En segundo lugar, no sé por qué te molestas en llamarla ladrona si es la persona más honesta que pude llegar a conocer y lo más cerca que tú estarás de una en tu vida.
-Deberías actualizarte entonces hijo, porque tu noviecita ha robado dinero de la empresa.
-¿Qué?
-Lo que escuchaste, por eso está citada.
-¿Lo dices por esa extracción que se hizo?
-¿Y tú como lo sabes?
-Me ha llamado el Sr. Thorne ayer.
-Ya ves entonces como son las cosas.
-¿Qué es lo que te hace pensar que ella de entre todas las personas pudo haber sido la culpable?
-Tengo una nota.
-Eso no me dice nada, además puedo jugarme la vida que ella no ha sido y te lo demostraré. Yo encontraré al culpable.
-Ya no tengo más ganas de hablar contigo. Te doy un plazo de un mes para que veas que no soy tan monstruo como crees. Si para fin de mes no encuentras al culpable, será despedida y acudiré a la policía ¿entendido?
-Como quieras.
Corté realmente enojado. No le diría nada a Lexie, la quiero fuera de este maldito asunto. Ya bastante preocupaciones tuvo como para sumarle otra más.

Volví a entrar a mi habitación y mi mandíbula cayó por el piso cuando vi a Lexie solo con una minúscula toalla cubriendo su cuerpo perfecto.
-Me he dado un baño.
-Puedo...verlo...
-¿Está todo bien?
-Sí...si...más que bien.
Ella soltó una carcajada.
-Lo digo porque supongo que has hablado con tu padre.
-Oh, sí. No era nada, era unas dudas que tenía pero ya está resuelto.
-El me dijo que era alarmante.
-Es que era un contrato muy importante.
-Pero dijo que lo habían llamado.
-Por esa misma razón, Lex. Ya no te preocupes. Tienes el día libre y lo disfrutaremos. Pero antes que nada, si tienes algo de piedad por mí por favor ponte ropa.
Ella volvió a reírse y yo me metí directo en el baño para darme una ducha fría y bajar el calor que recorría mi cuerpo.
Es increíble el efecto que causa en mí sin siquiera tocarla. Tenía todo el día planeado. Bel no iría a la escuela quería disfrutar junto a ella también y aprovechar el momento para ver como congeniaban mis dos ángeles. Luego, por fin, le daría a Lexie lo que ambos queremos. El momento por el que tanto hemos esperado.

Al salir de la ducha, me afeité y me cambié. Cuando salí del cuarto de baño Lexie no estaba. Bajé las escaleras y el olor a tostadas recién hechas me guió hasta la cocina.
-Eso huele bien.- Dije tomando asiento.
-No soy muy buena con los desayunos, hice café, jugo de naranja y tostadas.
-Es perfecto. No era necesario.
-Algo debía hacer...
-Se me ocurren mejores cosas para que hagas.
-Yo lo propuse anoche pero no has querido.
-Tranquila mi ángel. Tranquila.
Desayunamos muy tranquilos y al terminar limpiamos los platos sucios, como siempre interrumpiéndonos con besos.
-¿No debes llevar a Bel a la escuela?-Dijo Lexie.
-Quería que pasara el día con nosotros, ¿te molesta?
-No...creo que será bueno. Me hará bien.- Dijo sonriendo.
-Entonces no perdamos tiempo.

Subimos al auto y fuimos directo a la casa de Jim. Apenas estacionamos ellos ya estaban en la puerta.
-Hola papi, hola Lexie.- Dijo Bel sonriendo.
-Hola mi pequeña.- Dije agachándome a su altura para llenarla de besos.
-Hola Bel.- Dijo Lexie acariciando su cabello. Ambas se sonrieron e hicieron que una amplia sonrisa apareciera en mi rostro.
-Hola Mark.- Dijo Howard saliendo hasta la entrada.
-Hola Howard. Ella es Lexie, Lexie él es Howard, el padre de Jim.
-Encantada.- Dijo ella tendiendo su mano. Howard me miró y guiño un ojo, ahora sabía de quién hablaba la tarde anterior.
-Un placer. Mark, si quieres yo llevo a los niños a la escuela.
-No es necesario, hoy Bel no asistirá a la escuela.
-¿Por qué papi?- Dijo mi hija enojada.
-Iremos a pasear con Lexie.
-¿Enserio?- Dijo mi hija con los ojos abiertos como platos.
-Sí, cielo. ¿Quieres venir?
-Siiii
Todos reímos al ver su emoción. Luego de agradecerle a Howard por todas las molestias y de que Bel se despidiera de Jim y su perro, subimos al auto.
-¿A dónde iremos papi?- Dijo mi hija.
-Eso mismo, ¿a dónde iremos papi?- Dijo Lexie. No pude evitar estallar en carcajadas al escucharla decir eso y lo mismo ocurrió con ella.
-¿¡Lexie mi papá es tú papá!?- Dijo Bel alarmada.
Nuevamente no pudimos parar de reír hasta que ella contestó.
-No Bel, sólo bromeaba.
-Bueno, iremos al lugar preferido de Bel.- Dije yo.
-¿Al zoológico?
-Sí, cariño.
-Siii. ¿Y compraremos helado?
-El que a ti te gusta.
-Siiii.

Luego de veinte minutos llegamos al zoológico. El día era espléndido por lo que íbamos a poder disfrutar a pleno de todos los animales.
Tomé la mano de Bel y ella tomó la de Lexie, quedando en el medio de ambos. Sacamos los tickets para entrar y la guía llegó hasta nosotros.
-Buenos días. Bienvenidos a London Zoo. Mi nombre es Lisa y seré su guía hoy. Si desean podemos darles trajes que ofrecemos para que puedan interactuar con los animales y no arruinen su ropa.
-Yo estaré bien. ¿Ustedes?- Lexie y Bel se miraron y con un asentimiento entre ellas dijeron:
-Nos pondremos los trajes.

Tomé asiento en un banco mientras esperaba a que mis chicas se cambiaran. Cuando estuvieron listas ambas se acercaron con una sonrisa.




-Mira papi, parecemos guías.- Dijo mi hija.
-Las guías más bonitas.
-¿Verdad que sí?- Dijo Bel, dando una vuelta y contoneando sus caderas.
Lexie y yo no pudimos contener la risa por su actitud. Al cabo de unos minutos la guía se acercó a nosotros y comenzamos el recorrido. 
Alimentamos, fotografiamos y jugamos con todo animal habido y por haber. Bel explotaba de felicidad, sé que la naturaleza es lo que más ama y verla tan cariñosa con los animales me transmite su alegría. Lexie mantuvo su sonrisa durante todo el día, acompañó a Bel a todo lugar que ella quería ir y le compró varias golosinas ya que yo soy muy estricto en cuanto a los dulces.
La tarde ya estaba cayendo y los tres estábamos cansados de tanto caminar. La segunda parte de mi plan se acercaba y para eso necesitaba hablar un momento con mi hija.

-Lexie, debo hablar con Bel ¿me permites un minuto?
-Oh claro, iré al baño.- Dijo desconcertada.
Me acerqué a Bel y la llevé a un banco.
-Cariño, ¿a ti te molestaría quedarte con el tío Jacob y tu prima Chris esta noche?
-Pero papi estoy pasando más tiempo en su casa que en la mía.- Dijo haciendo un puchero.
-Lo siento, mi cielo. Muero por estar contigo pero quiero darle una sorpresa a Lexie y para eso necesito tener la casa sola.
-¿Por qué?- Dijo intrigada.
-Es una sorpresa grande, ¿pero me harás ese favor?
-Está bien. Sólo porque me trajiste al zoológico.
-Sabía que me ayudarías, princesa mía.
La abracé muy fuerte contra mi pecho y Lexie se acercó a nosotros.
-¿Están listos?- Preguntó.
-Más que listos.- Dije guiñándole un ojo a mi hija.
Nos dirigimos hasta el estacionamiento y la persona que menos quería ver en el día apareció. Sara.




-Vaya, vaya. La familia feliz llegó.
-Sara no hagas esto. No en frente de Bel.
-La niña es grande. ¿Estás contenta con tu nueva mami?- Dijo Sara mirando con odio a Bel.
Mi hija no contestó y se aferró a las piernas de Lexie buscando refugio. Ella la cargó en sus brazos y permitió que Bel escondiera su cabeza en su cuello.
-Mark, te espero en el auto.- Dijo Lexie muy seria.
-Ve ya las alcanzo.
Sara soltó una risa desquiciada y dijo:
-Me sorprendes. A pesar de lo que dice tu padre sigues por el mal camino, eres más inútil de lo que pensé.
-Sara, no me importa lo que tú y mi padre digan o piensen. Hace mucho tiempo ya dejaron de significar algo para mí.
-Mira nada más, desde cuando Mark Tuner se ha vuelto tan liberal...
-¿Qué es lo que haces aquí?
-Caminaba, verificaba...
-¿Verificabas qué?
-Ya no debo rendirte cuentas, esa frase me suena familiar. Oh, si. Tú las has dicho al firmar el divorcio.
-No empieces con eso.Tengo una familia como tú has dicho que atender así que si me disculpas debo irme.
-Te lo advertí Mark. Tú no me escuchaste.

Ignoré su comentario y continué mi marcha hasta el auto. Me detuve justo en la puerta trasera para escuchar como Lexie calmaba a Bel que estaba llorando:
-Tranquila Bel. No debes preocuparte por lo que ella diga o cómo te mire. Tienes un padre excelente que te adora y te da lo mejor. Eso es lo que verdaderamente importa.
-¿Tú serás mi mamá?
-Yo...

No quería que Lexie pasara por ese momento por lo que consideré oportuno interrumpirlas.
-Bueno, ya todo está listo. Llevaremos a Lexie a su casa primero ¿de acuerdo?
-Está bien.- Dijo Isabella.
Ambos la acomodamos en el asiento trasero y puse el auto en marcha. Para que mi plan funcionara primero tenía que asegurarme que ella aceptara venir a casa.
-Lex, ¿podrías venir a cenar hoy a casa?
-Mark, ¿no crees que fue suficiente por hoy?- Dijo ella.
-Nunca tendré suficiente de ti.- Dije en voz baja para que mi hija no escuchara.
-Yo...
-Di que sí, por favor.
-Está bien. Como negarme si pones esa cara y esa voz.
-Nunca falla.- Dije sonriendo.

Dejamos a Lexie en su casa y acordamos encontrarnos dentro de tres horas. Al llegar a casa, Bel se había quedado dormida en su asiento. La saqué de su silla y la cargué en mis brazos hasta llegar al sillón del living.
-Despierta mi bella durmiente.- Dije repartiendo besos en su cara.
Ella me miró y noté la tristeza en sus ojos.




-¿Qué pasa mi cielo?- Dije acariciando su rostro.
-Sara.
-Siento que hayas tenido que verla cariño.
-Es mala.
-Sé que lo es pero no debes hacerle caso a nada de lo que diga.
-Sólo hay una cosa que me gustó de lo que dijo.
-¿Qué cosa?- Dije confundido.
-Me gustaría que Lexie fuera mi mamá.

Quedé boquiabierto ante su confesión. Una película comenzó a correr por mi cabeza. Lexie como mi esposa. Lexie como la madre de mi hija. Lexie compartiendo cumpleaños. Lexie despertando a mi lado. Hacer el amor con Lexie. Lexie, Lexie, solo Lexie. Todo era más que perfecto.

-Papi, ¿estás bien?- Dijo Bel.
-Lo siento, cielo. ¿Por qué te gustaría que Lexie fuera tu madre?
-Es buena. Juega conmigo, me escucha y me da consejos, y es divertida.
-Te voy a contar un secreto.
-Siii.
-A mi también me gustaría que fuera tu mami.
-Entonces pídeselo papi, porfis, porfis.
-Todo a su tiempo pequeña.
-¿Tú crees que querrá?
-Esperemos que sí. Ahora andando que sino no podré darle su sorpresa. 

Bel subió a su habitación a preparar sus cosas y yo aproveché para adornar el baño. Desparramé pétalos de rosas, coloqué una botella de champagne, frutillas con chocolate a una lado de la bañadera y encendí velas. Todo tenía que quedar perfecto.
Cuando terminé bajé hasta la entrada. Bel ya estaba esperándome con su bolso.
-Bien, vamos a lo del tío Jacob.
Conduje hasta lo de mi amigo y toqué timbre.
-Hola Mark, hola pequeña.- Dijo al abrirnos la puerta.
-Hola tío Jacob.- Dijo abrazándolo.
-Pasen.
-Yo no puedo.- Dije.
-Oh, ya veo por donde viene la cosa entonces. Lexie, ¿cierto?
-Lo siento, sé que te debo millones de favores. Solo una vez más por favor.
-Para que están los amigos. Ve, yo la cuido.
-Gracias. Siempre serás el mejor.
-Lo sé.
-Pasaré por Bel en la mañana.
-De acuerdo. Suerte.- Dijo guiñándome un ojo.
Me despedí de ellos y conduje hasta casa. Todavía me quedaba una hora y media para poder preparar la cena.

Compré los ingredientes que necesitaba y el postre que con Lexie nunca falla. Comencé por hornear el pollo y luego preparé los champignones con salsa blanca para acompañar. Mientras esperaba a que se cocinara todo subí al baño para comprobar que todo estuviera listo.
Volví a la planta baja, puse la mesa y prendí unas velas. Puntual como habíamos quedado Lexie llamó a mi puerta. Se la veía hermosa con un pantalón demasiado ceñido a sus piernas que siempre me vuelven loco y una blusa que dejaba al descubierto sus hombros.

-Estás preciosa.- Dije depositando un beso en sus labios.
-Gracias.- Dijo sonrojándose.
-Pasa.
Ella tomó asiento en la mesa y yo fui en busca de la comida para servir.
-Espero que te guste.- Dije luego de haber servido la comida en su plato.
Tomó su tenedor y probó el primer bocado, cerrando sus ojos mientras disfrutaba de la comida y yo de verla hacerlo.
-Es delicioso Mark. Eres excelente.
-No me gusta alardear.
-Ya me he dado cuenta.- Dijo sonriendo.-¿Dónde está Bel?
-La he dejado con Jacob.
-Pobrecita, la tienes dando vueltas por todos lados.
-Lo sé pero quería tenerte para mí.
-Ya me has tenido todo el día Mark.
-No como yo quiero.- Sus ojos se abrieron completamente.
-¿Y cómo me quieres tú?
-Ya lo verás.
-Mmm cuanto misterio.
-Lo amerita la situación.
Ella me dedicó una sonrisa cómplice.
-¿Sabes que mañana debo ir a trabajar cierto?
-Sí, por eso no hay problema.
-Mark, no volveré a faltar.
-Nadie ha hablado de faltar.
-¿Qué es lo que estás tramando?
-Shh tú tranquila no te preocupes por nada.
Siguió probando la comida y luego vi que quedó mirando un punto fijo como si estuviera pensando.
-¿En qué piensas?- Dije.
-En todo lo que ha ocurrido en poco más de un mes. En nuestro primer encuentro. Los gritos, las peleas, los celos, tu faceta romántica, tus sorpresas, tus secretos, tus problemas. En fin, todo lo que nos ha ocurrido y sin embargo no lo cambiaría por nada.
-Yo tampoco mi ángel. Creo que todo lo que nos ha ocurrido y lo que aún nos espera es lo que nos hará fuertes.
-Eso espero.
-Estoy seguro que podemos rearmar nuestras vidas si nos lo proponemos y nos damos la oportunidad.
-Yo ya te la di, ahora queda en nosotros aprovecharla o no.
-Me quedo con la primera opción.- Lexie sonrió.

Disfrutamos de una cena exquisita y juntos limpiamos como solemos hacerlo siempre, entre juegos, besos y risas. Ahora llegaba la parte que por tanto tiempo había ansiado.
-Necesito que me acompañes.- Dije tomando su mano.
-Mark...yo debería irme.
-No, por favor. Aún me queda algo.
-Dios...vas a volverme loca. Está bien.
-Gracias.- Dije besando su mano.

Subimos hasta mi habitación y la llevé hasta mi cuarto. Antes de entrar al baño coloqué mi mano sobre sus ojos y cuando ya estuvimos dentro de este dejé que los abriera. Me coloqué detrás de ella y esperé su reacción.




-Mark...Esto...esto es perfecto.
-Es lo que te mereces.
-Es más de lo que merezco.
-Por supuesto que no. Me he quedado corto.
-Gracias. Nadie nunca había hecho algo así por mi.- Dijo volteándose para mirarme con una lágrima en su rostro.
-¿Estás llorando?- Dije desconcertado.
-De emoción.
La abracé lo más fuerte que pude, para sentirla lo más cerca posible de mí. Quería que notara todo lo que me hacía sentir.
-¿Dejas que me bañe contigo?- Le dije.
-Sí.- Respondió ella.

Pronto las risas se apagaron y todo se convirtió en miradas de deseo y ansiedad. Comencé por quitar su blusa. La retiré suavemente para disfrutar el contacto de mis dedos con su piel y poder apreciar su glorioso cuerpo. Su pecho estaba enfundado en un sostén de encaje que le quedaba magnífico. Lo desabroché y su pecho quedó a mi merced. Dirigí mi boca a sus senos y comencé a mordisquear uno para luego pasar al otro. Lexie gimió de placer apenas puse mis labios en su cuerpo.

Luego bajé hasta su ombligo y repartí delicados besos y mordiscones alrededor de él. Al mismo tiempo que trazaba dibujos con mi lengua. Desabroché su pantalón y junto a este su braga de encaje. Creí morir al sentir su sexo en mi boca. Lexie colocó sus manos sobre mi cabeza para quedar aún más cerca de ella pero decidí dejar el resto para después. 

La ayudé a meterse en la bañera e inmediatamente me desvestí y me metí detrás de ella.La dureza de mi entrepierna rozaba contra su espalda. Las burbujas se pegaron a nuestros cuerpos escondiendo nuestras partes más íntimas. 
Tomé una esponja y comencé a frotarla por su cuerpo, sintiendo como se relajaba y apoyaba su espalda contra mi pecho. Al terminar, tomé una frutilla y mojándola en la salsa de chocolate se la dí en la boca disfrutando de esa exquisita combinación de sus labios luego. Nos relajamos por un largo rato, sin hablar. Solo disfrutando de la paz y el contacto del otro, lo que tanto necesitábamos.

Cuando el agua ya se estaba enfriando la ayudé a salir y pasando una toalla alrededor de su cuerpo la acompañé hasta la habitación.
Nuestros cuerpos quedaron expuestos y con una suave caricia recorrí sus labios.
-Te deseo.- Dije en un susurro.
-Hazme tuya.- Dijo ella con los ojos cerrados.
-Repítelo pero mírame a los ojos.
Obedeciendo a lo que había dicho, los abrió y dijo.
-Hazme tuya Mark.
-Tus deseos son órdenes.


La llevé hasta la cama y me coloqué encima de ella tratando de que mi cuerpo no pesara sobre el suyo, mis manos se posaron sobre sus muslos desnudos, dejando suaves caricias desde sus rodillas y por la parte externa de los muslos. Repetí varias veces esta operación, observando atentamente como Lexie se estremecía.
Le dí la vuelta y dejé un camino de besos por toda su columna, mientras con mis manos trabajaba en su perfecto trasero.
Luego, pasé mi mano por su parte más íntima pero mis dedos solo lo rozaron levemente, volví a sus senos para presionarlos y bajé nuevamente a su centro de placer donde me dediqué por un largo tiempo a morder, lamer y besar. Su sabor era único y escuchar sus jadeos erizaba mi piel de excitación. 
-Por Dios...Mark...
Presionando mi lengua contra su clítoris noté como al cabo de unos minutos su sexo convulsionaba de forma brusca en mi boca. No le di tregua, colé un dedo en su interior realizando movimientos ascendentes y descendentes prolongando así su orgasmo.
Subí mi mirada a la de ella y noté la excitación y placer en sus ojos. Una sensación de felicidad se extendió por mi cuerpo.
Ya no pude contenerme más, tomé un preservativo y acerqué mi miembro erecto a su entrada, rocé con este su sexo y luego empujé suavemente. Creí tocar el cielo al estar dentro de ella y sentir como sus paredes aprisionaban mi miembro amoldándose para adaptarse.
-Estás muy estrecha.- Dije.
-Mark...hace un año...
-Shh... no hace falta. 
Empujé un poco más, y al no poder resistir más la tentación, me introduje por completo, volviéndome loco con sus gemidos de placer, los atrapé en un beso hambriento. Pronto nuestras caderas se unieron en un perfecto ir y venir.
Golpe tras golpe entre ambos sexos podía sentir el fuego de estos. Mi cuerpo ardía. 
Lexie cambió nuestras posiciones, colocándose a horcajadas sobre mí. Apretó sus manos con las mías entrelazando nuestros dedos para así cobrar impulso y deslizarse hacia adelante y atrás en una fricción que me llevaba al borde de la locura, hasta que no aguantamos más y susurrando nuestros nombres llegamos al orgasmo.
En mi habitación sólo se escuchaban nuestras respiraciones agitadas que con el correr de los minutos fueron cesando.
Finalmente, Lexie se desplomó en mis brazos y apoyando su cabeza en mi pecho dijo:
-Gracias por esto. Me has hecho feliz.
-Gracias a ti mi ángel. Descansa.
Le di un suave beso en su frente y nos acomodamos para dormir bien pegados el uno al otro. Definitivamente la noche había sido perfecta.